viernes, 29 de enero de 2010

Nine (Rob Marshall; EE.UU.-Italia, 2009) [Calificación: ***]

La primera buena peli que veo este año. A más de uno le horrorizará mi opinión. Pero es lo que hay; con perdón.

Esta vez en un enlace externo, en mi crítica de actualidad dentro de Miradas de Cine, quizá la publicación en red más interesante que conozco, sobre cine.

Aquí está: Nine, por Enrique Pérez Romero.

Espero que os guste
Un abrazo
Kike

Up in the air (Jason Reitman; EE.UU., 2009) [Calificación: **]

La verdad es que no le encontré ninguna gracia a Juno, sorpresa en el cine independiente estadounidense del año pasado y anterior filme del joven Jason Reitman (33). Esta es su tercera película, y sigo pensando que es un cineasta bastante mediocre, bajo cuya responsabilidad recae la medianía a la que condena los guiones más o menos interesantes con los que se encuentra.

Es cierto que la historia de Up in the air tampoco es que sea el colmo de la orginalidad: la eterna dicotomía entre la libertad y el compromiso (respecto a la pareja, y en la vida en general) ha dado ya mucho que hablar, que escribir y que filmar. Ryan (George Clooney) es un ejecutivo que se dedica a despedir trabajadores de empresas que prefieren dejar tan desagradable proceso en manos de una empresa externa especializada (¡Qué poco jugo se extrae de tan sugestivo planteamiento!).

Y hay que decir que es precisamente Clooney, en un trabajo estupendo, quien sostiene la película. Ofrece un buen catálogo de recursos cómicos y dramáticos, y su química con Vera Farmiga (Alex, la mujer que le hará "replantearse su vida") funciona siempre. Todos los intérpretes hacen un buen trabajo.

El guión posee un giro poco verosímil (Ryan, tras años defendiendo y practicando un modo de vida, se lo replantea todo en cuestión de días al conocer a una mujer) y otro mucho más interesante (Ryan descubre que esa mujer está casada, y deberá volver a su vida de siempre, justo ahora que empezaba a dudar sobre si eso es lo que quería).

Este segundo giro impide que la película acabe con un final feliz que se preveía inevitable, y deja un sabor agridulce, el de un cine con ideas que se encuentran poco aprovechadas o directamente malogradas, pero que consigue transmitir una dulce y amarga sensación de melancolía, y que nos hace pensar sobre las certezas que a veces son errores, y sobre la necesaria capacidad adaptativa que todos necesitamos para seguir adelante.

Un abrazo
Kike

sábado, 23 de enero de 2010

Mi vida en 50 palabras

Un juego que, como todos los juegos, contiene una relación directa con nuestros impulsos, con nuestra necesidad de realización, de alguna extraña manera.

Este lo he extraído del blog de Saray, que a su vez lo agregaba proveniente de un periódico on-line que, a su vez, lo recoge de una revista citada en ese artículo...

Ahí va mi vida en 50 palabras:

Infancia. Enamorarse. Idealismo. Lucha. Cine. Compartir. Ajedrez. Aprender. Reflexión. Emoción. Besos. Fantasía. Política. Mejorar. Degustar. Comunicación. Generosidad. Agradecimiento. Justicia. Coherencia. Juegos. Implicarse. Viajes. Arriesgar. Lealtad. Construir. Verdad. Kubrick. Compromiso. Competir. Belleza. Libertad. Placer. Igualdad. Mujer. Mamá. Música. Sorpresas. Misterio. Escribir. Revolución. Debate. Consenso. Animales. Espectáculo. Mirar. Sonrisa. Piel. Recordar. Madrid.

Están en el orden en que me han venido a la cabeza. Como la vida cambia a cada instante, también irán cambiando las palabras, y trataré de ir cambiándolas en esta entrada.

Le copio otra idea a Saray: Si alguien se anima a hacer el juego, que satisfaga mi curiosidad dejando el enlace a su entrada en un comentario... ¡Gracias!

Un abrazo
Kike

miércoles, 20 de enero de 2010

Hierro (Gabe Ibáñez; España, 2009) [Calificación: 0]

La verdad es que simplemente escribir sobre esta película me resulta aburrido; quizá con eso esté todo dicho. También se puede expresar de otro modo: una película que cuenta la historia de una madre que pierde a su hijo y se vuelve loca necesita algo más que atmósfera. Ese parece ser el único objetivo fundamental de Gabe Ibáñez que, sin embargo, había realizado un interesantísimo e impactante cortometraje titulado Máquina, y que merece la pena revisar.

Comprendo perfectamente que alguien pueda sentirse fascinado por la isla de Hierro; también entiendo que Elena Anaya pueda ser contemplada como objeto de deseo, y que se la ruede en el 95% de los planos, desde todas las perspectivas posibles y mostrando casi todas las partes de su cuerpo; me cuesta más, pero también soy capaz de asumir la tentacíón de hacer algo tan difícil y arriesgado como "cine poético"; y, por tanto, puedo entender que se quiera basar una propuesta visual en un solo personaje y en la atmósfera. Ahora bien, que con eso se pueda hacer una película de 90 minutos que se sostenga... lo niego. A no ser que se tenga mucha experiencia o se sea un genio.

Hierro empieza ya regular, porque en una sola escena anuncia varias limitaciones: metáforas facilonas, subrayados demasiado evidentes, efectismos innecesarios, reiteraciones visuales, etc., etc. En realidad, no es un mal resumen de toda la película. Comienza siendo un drama, flirtea con el terror, pasa por el thriller y acaba intentando de nuevo ser un drama; mezcla genérica que, otra vez, supone una propuesta de alto riesgo para un debutante que se preocupa sobre todo de trabajar la textura visual de la imagen, sin atender demasiado (¿nada?) al continente narrativo. Mal asunto.

Quizá podría haber sido un buen cortometraje o incluso un mediometraje sostenible, pero Hierro no puede ser un largometraje, sino a costa de aburrir y, a ratos, incluso irritar. Sería incierto decir que no contiene bellas imágenes, algún momento levemente inquietante y, quizá, breves destellos de una interpretación esforzada de Elena Anaya. Pero es un bagaje paupérrimo para un filme cuyas pretensiones, además, parecen mucho mayores. La película falla por su inconsistencia narrativa, por su ausencia de densidad, por el escaso equilibrio entre los elementos dramáticos (diálogos, imágenes, música), por el obvio deseo de epatar con cada imagen (lo que suele llevar a no impresionar realmente con ninguna), por su excesiva confianza en una actriz con virtudes pero sin suficiente solidez para un empeño tan serio... No funciona. Y, ya se sabe, grandes pretensiones y pequeños logros... Pésimo balance.

Habrá que seguir esperando para el primer buen filme español del año. Y para que empiecen a estrenar por estas tierras cacereñas alguna de las buenas películas que andan ya por otras pantallas, en vez tanto Alvin y las ardillas 2.

Un abrazo
Kike

lunes, 18 de enero de 2010

Pequeños relatos cotidianos - Historia de una cicatriz


Cada vez observo la vida con más fascinación, a pesar de todo.

El hecho de que hoy tengamos tantos canales de información no sólo no causa en mí una incómoda saturación o un cansancio insoportable, aunque algo de todo eso me acecha de vez en cuando. Por el contrario, soy cada vez más curioso. Y, sobre todo, el hecho de que la realidad la vivamos cada vez más a través de las pantallas, me hace mirar más a menudo alrededor, a la búsqueda de la verdadera realidad.

Me siguen fascinando los rostros. En ellos, y en otras muchas cosas, me voy encontrando con pequeños relatos escondidos que trato de descubrir. Aquí va el primero de este blog.

"No era un viaje agradable, pero, en cierto modo, quería pensar que la ilusión pesaba en mí más que la tristeza. Caminar en tren produce siempre algo de melancolía, pero, por otro lado, siempre me ha gustado viajar en tren: me relaja. Caminar en tren hacia el homenaje de un amigo fallecido recientemente y, además, en pos de una herencia por la que nunca quise pelear pero tuve que hacerlo, provoca que la melancolía y la tristeza se fundan para luchar poderosamente contra la ilusión. Y, de repente, un rostro. Una chica joven, en torno a los 25, que ya había llamado mi atención en el andén, se sienta en el sitio que me corresponde, pero el vagón está semivacío y cambio también el mío; eso hace que dos vecinos destinados a no mirarse acaben sentados el uno frente al otro. Ella ofrece mucha información al espectador atento. Un papel que se deja en la mesita que nos separa delata que viaja a Madrid con un plan muy cerrado, en el que se incluyen encuentros con algunas amigas, salidas nocturnas y gestiones para realizar un master. Su iPod, exactamente igual que el mío, la sume en un profundo sueño. Yo viajo trabajando, en contra de lo que me gustaría, pero su rostro contiene un misterio que, tantas casualidades, parecen obligarme a desentrañar. Una cicatriz en el lado derecho de su cara, casi a la altura de la boca, parece contar una historia de violencia. Sin embargo, pienso, eso sólo es un síntoma de cómo las ideas preconcebidas nos asaltan de inmediato casi ante cualquier realidad. ¿Acaso la joven no puede proceder de un parto dficil, y la cicatriz de un forceps empleado con poca destreza? ¿No pudo, como tantos niños, darse un golpe con un columpio?



El paseo por su rostro, sin embargo, nos ofrece una idea de tristeza que se emparenta fácilmente con la de la violencia. Y una nueva cicatriz, nueva para mí, que comienza casi exactamente al comienzo de la garganta y mide más de cinco centímetros, impulsa de nuevo hacia mí la idea de violencia. Una pelea desafortunada, un intento de violación, un accidente de tráfico. La segunda cicatriz podría proceder fácilmente de una operación, pero su profundidad y forma irregular me obligan a descartarlo; además, no puedo dejar de mirar la primera cicatriz descubierta por mí, en el rostro, que parece hecha para hacer daño: físico y moral. Estoy casi seguro de que la historia de esa cicatriz es una historia de violencia, y estoy casi seguro, ahora sí, de que mi juicio no es un prejuicio aunque pueda, claro, estar equivocado. Lo grandioso es que, con violencia o sin ella, ese rostro nos ofrece un relato fascinante. La joven despierta, y unos nuevos viajeros que reclaman sus sitios nos obligan a cambiarnos de lugar, y a sentarnos en aquellos que nos correspondían. Despierto de mi ensoñación, de mi relato. Ahora estamos sentados el uno junto al otro y la mirada ya no puede seguir la senda de la literatura. Yo descanso unos minutos y pienso en mi propia cicatriz, la que me ha impulsado a realizar este viaje".

Estoy seguro de que la realidad seguirá ofreciéndome la ocasión de contar pequeñas historias cotidianas en este blog.
Un abrazo
Kike

Hechos insólitos

Poco después de poner en marcha este blog, me sedujo la idea de expresar en pocas palabras algunos de esos hechos raros, poco habituales, con los que nos vamos encontrando: hechos insólitos. Desde entonces, hace apenas unos días, de modo casi inconsciente, vengo fijando más mi atención en todo aquello que nos rodea, lejos o cerca, que pueda ser calificado de tal manera. Y mi primera sorpresa es que los hechos insólitos son mucho mas numerosos de lo que solemos pensar. ¿Quizá blindamos nuestra vida con rutinas y costumbres, precisamente para protegernos de los hechos insólitos, que no son necesariamente gratificantes? No podré, en fin, dar cuenta aquí de todos esos acontecimientos cotidianos que se salen de lo común, pero intentaré reflejar aquellos que más llamen mi atención.

El pasado domingo, 10 de enero, se produjo el primero de ellos. En medio de un fuerte temporal en toda Europa, también en España, nevó en Cáceres, donde vivo. Fue todo un acontecimiento. Seguramente, para aquellos que nos hemos criado en lugares fríos donde la nieve es habitual (Soria, en mi caso), puede ser sorprendente observar la fascinación que produce la nieve en quienes no la vieron siempre tan de cerca. Ese domingo, desde mi ventana, grabé un par de vídeos para inmortalizar el momento, que están colgados en mi perfil de Facebook. Pero allí no aparece lo más relevante: la gente saliendo de casa sólo para pasear por las calles nevadas; los niños invadiendo los parques para hacer muñecos de nieve; muchos vecinos asomados a las ventanas haciendo sus propias fotos. Al día siguiente supe que hacía aproximadamente un cuarto de siglo que los ciudadanos de Cáceres no veían tanta nieve. Todo un hecho insólito. Casi todos los sucesos poco habituales tienen la capacidad de suscitar reflexiones interesantes: en este caso pensé qué fácil es encontrar la felicidad en medio de lo cotidiano, siempre que sepamos disfrutar de todo aquello que la vida nos pone a nuestro alcance. Por ejemplo, la nieve.

Un abrazo
Kike

domingo, 17 de enero de 2010

Sherlock Holmes (Guy Ritchie; EE.UU., 2009) [Calificación **]


Creo que no puede entenderse del todo esta adaptación del personaje de Arthur Conan Doyle sin ser un seguidor habitual de la serie House (2004-2010, EE.UU.). De hecho, quizá uno de los hechos más interesantes de contemplar el filme de Ritchie sea comprobar cómo se van transformando en el imaginario colectivo los relatos y los personajes a causa del poder del audiovisual. No me quiero extender mucho en ello, pero –toda vez que es evidente y aceptado por sus creadores que House es una "adaptación" de Holmes–, hay que señalar que la hábil operación de esta nueva versión es que retoma los personajes originales pasados por el tamiz de la popular serie televisiva, hasta el punto de que tras la piel de Robert Downey Jr. se vislumbra más al doctor antisocial, soberbio y desaliñado que hay en House que al elegante, discreto y amable Sherlock Holmes; del mismo modo que tras la piel de Jude Law respira mucho más el inteligente Wilson que el torpón Watson; y, por supuesto, la relación que hay entre el Holmes y el Watson de esta última adaptación está mucho más cercana a la que hay entre los dos médicos de la pequeña pantalla que a la existente entre los personajes creados por Doyle.

Dicho esto, y reconociendo de antemano que no soy un seguidor de Guy Ritchie, diré que la película vale mucho más por cómo está contada que por lo que cuenta. Ritchie aparece en cierto modo como un esteta, preocupado mucho más por la forma que por el fondo, desde el principio; una primera escena brillante desde el punto de vista visual, que pone el listón altísimo y que nos introduce en la acción como un tiro. Toda la primera media hora, e incluso algo más, se mantiene en una línea muy parecida, siempre con un trabajo exquisito con la imagen, quizá algo lastrado por ciertos excesos en las escenas de acción que, a pesar de estar montadas magníficamente, ofrecen una sensación de barullo muy distante del resto del tono del filme.

El problema surge cuando guionista y director se dan cuenta, allá por la mitad de la película, que además de con imágenes están trabajando con una narración. Comienzan entonces –demasiado tarde– a establecer relaciones, a tensar argumentos y a contar cosas. La película se vuelve un tanto convencional y se introduce en los vericuetos del caso de investigación que supone el núcleo central, mucho menos interesante que el modo en que Ritchie emplea la cámara o que los matices de la excelente banda sonora de Hans Zimmer (¿nominable al Oscar?). Me empiezo a aburrir y, quizá por haber dormido poco o quizá porque la película entra en una fase de rutina previsible, de peleas y carreras equiparables a las de otras películas y mera acumulación de estímulos... incluso cabeceo un poco.

La sensación final es agradable. Una puesta al día de Holmes, pasado por el filtro de House, con una indudable habilidad comercial (la sala está inusualmente llena)  y con un casting acertadísimo. Law y Downey Jr. (estupendo trabajo)  parecen intercambiados (quizá el primero podría ser un Holmes convencional y el segundo un Watson típico) pero permanecen creíbles. No sólo ellos dos, todo el casting es un acierto. Como ya he dicho, la película merece la pena, con una primera parte de ritmo medidísimo y trepidante, con un trabajo visual mucho más allá del simple espectáculo o de la rutina del plano/contraplano, y con una música que atrapa. Pero no llega a proponer una versión radicalmente nueva, ni consigue conformar un relato realmente vribrante, ni acaba de conjugar del todo bien la mixtura genérica que pretende (comedia-aventuras-acción-suspense), quedándose en una de acción que no debió ser de acción, con algún ligero aroma aventurero.

Buen cine técnicamente, pero poco relato y poca "chicha". Carisma, mucho. Habilidad, toda la del mundo. Olfato. Un éxito casi asegurado. Si Ritchie lograra un buen guión para la siguiente (ya preparada), podríamos hallar buen cine.

Un abrazo
Kike

domingo, 10 de enero de 2010

El cónsul de Sodoma (Sigfrid Monleón; España, 2009) [Calificación: **]

Algo tiene ete filme de Sigfrid Monleón que me emociona, a pesar de ver y reconocer su gran variedad de fragilidades. Vayan por delante dos cosas: que siento cierta debilidad por el cine biográfico y que casi toda la obra que he visto de Monleón me transmite, al menos, sensaciones singulares.

Esta película es una biografía de Jaime Gil de Biedma (1929-1990), poeta de la generación del 50, perteneciente a una familia conservadora, que defendió durante el franquismo ideas de izquierda. La película propone un retrato fuertemente sexual del personaje: bisexual, participante en orgías y fallecido por VIH. Como curiosidad, recordar que Gil de Biedma es tío-abuelo de Esperanza Aguirre.

Lo que me emociona, quizá, es que nos ofrece un personaje eminentemente libre que, finalmente, acaba esencialmente solo. Libertad y soledad quedan indisolublemente unidas en un final arriesgadísimo, que hay que ser muy valiente para rodar y que, a pesar de ser discutible, creo que resulta veraz y emotivo.

Monleón, que firma el guión junto a Joaquín Górriz y Miguel Ángel Fernández, quizá podría haber abierto la biografía de Gil de Biedma más allá de la sexualidad; también podría haber eliminado unas cuantas escenas reiterativas o cuyo objetivo es la mera provocación; podría haber equilibrado mejor un relato que va siempre in crescendo pero en cuya mitad el espectador puede fácilmente perderse de forma irremediable.

También puede molestar el tono solemne con el que Jordi Mollá recita en off los versos de Gil de Biedma, o un cierto tufillo de bohemia pedante que rodea al personaje. Pero es difícil discernir si es un mal cálculo de guionista o una necesidad dramática para ser coherente con el dibujo del poeta castellano.


Más allá de todo eso, hay mucho mérito en El cónsul de Sodoma: una estupenda, por matizada y por valiente, interpretación de Jordi Mollá; pequeñas historias dentro del relato que funcionan a la perfección con muy pocos elementos (por ejemplo, la bella relación de Jaime con su padre); coherencia entre la dirección vital del personaje y el tono emocional del filme; acertada creación de atmósferas, guste o no la tonalidad elegida para la fotografía; buena ambientación.

Una película interesante sobre una biografía apasionante, de esas que hacen pedagogía contra prejuicios y dogmas. Sólo por eso merece la pena acercarse a ella.

En cuanto a la polémica entre el escritor Juan Marsé (que aparece como personaje en el filme) y el productor Andrés Vicente Gómez, parece un ejemplo claro de despecho por parte del primero y de publicidad gratuita por parte del segundo.

Un abrazo
Kike

viernes, 1 de enero de 2010

2010


Nuevo año, nuevo blog.

Sólo le pido a 2010 que sea un poquito mejor que 2009.

Este es un blog de cine y política, así que en un rato o en unos días haré balance de 2009 y algunos apuntes de lo que podemos esperar de 2010, en líneas muy generales.

De momento, viaje a Cáceres para quedarnos ya allí después de este lío de viajes por Navidad.

Feliz Año a todos
Kike

 P.D. La película de la fotografía es lamentable, pero me recuerda a la grandísima 2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968) –una de mis películas favoritas– y, además, es un perfecto ejemplo de profecía de la ciencia ficción incumplida.