martes, 9 de febrero de 2010

La herencia Valdemar (José Luis Alemán; España, 2010) [Calificación: *]

Vi el sábado este debut cinematográfico de un cineasta español que no proviene del cortometraje ni tenía gran experiencia en otro ámbito del audiovisual. Un caso raro y, por tanto, interesante.

Interesante es también el comienzo, con unos de los mejores títulos de crédito que recuerdo en el cine español (sí, los títulos de crédito, iniciales y finales, también forman parte de la película, por más que algunos se olviden de ello, y especialmente en nuestro país).

Enseguida queda claro que Alemán dirige bien, al menos en el ámbito técnico, y que tiene gusto para encuadrar y para colocar la cámara. También queda clara su herencia gótica, incluido el guiño al género español mediante la introducción en el casting del recientemente desaparecido Paul Naschy/Jacinto Molina.

Casting, por cierto, que es de lo mejor de la película en mi opinión. No sólo por Naschy, que también, si no sobre todo por algunos personajes secundarios que dan magnificamente el tipo de sus papeles, aunque el resultado de los trabajos interpretativos sea muy desigual. Hablo de Eusebio Poncela como Maximilian, de Jimmy Barnatán como Garbea, o de Francisco Maestre como Aleister Crowley, por ejemplo, aunque creo que casi todos están muy bien seleccionados.

La herencia Valdemar es, en fin, una pena: buenas intenciones, buena factura técnica (excepción hecha de algunos efectos especiales), atmósfera, buen casting... pero todo queda en un filme de escasa originalidad, mayormente desaprovechado en sus potencialidades y que, para mayor problema, no se cierra argumentalmente en sí mismo, quedando convertido al final casi en el capítulo de una miniserie para televisión (que es lo que parece, convertido en cine para rentabilizar más el producto). De ahí también que buena parte de la película dé una desasosegante sensación de relleno, como si cada escena pudiera durar fácilmente un 20% menos.

De nuevo, el cine español fracasa teniendo los elementos para triunfar. Una historia que se repite demasiado.

Un abrazo
Kike

viernes, 5 de febrero de 2010

Shortbus (John Cameron Mitchell; EE.UU., 2006) [Calificación: *]

Hace unos días vi esta película en casa de unos amigos, y la verdad es que por una parte me sorprendió y, por otra me decepcionó. En realidad, conocía poco o casi nada de ella y del director, con lo cual en primer lugar fue la sorpresa; pero, a medida que se desarrolla la película y respecto a las expectativas que va creando, poco a poco surge la decepción.

Lo primero que sorprende es que esta película se estrenara en España con una calificación de "No recomendada para menores de 18 años"; probablemente, si los responsables de esta calificación hubiesen aplicado el mismo criterio que para calificar X el filme de terror Saw VI, probablemente Shortbus o no se habría estrenado o se habría exhibido en salas especializadas en cine pornográfico. Es cierto que los límites entre la pornografía y lo que no lo es están técnicamente claros, y que Shortbus no los cruza, pero no es menos cierto que juega exactamente en la frontera. A mí es un tema que me da igual (no sé hasta qué punto sigue siendo coherente tener calificaciones por edades cuando cualquier chaval tiene acceso libre a cualquier imagen en internet), pero lo cierto es que mientras exista la ley habrá que cumpirla con coherencia.

Digo todo esto porque el comienzo de Shortbus bien podría ser el comienzo de una película X. Y una de las debilidades de la pelicula, en mi opinión, parte de que posee un principio extraordinariamente potente, que sugiere muchos caminos posibles de interés. Sin embargo, esa fuerza se va diluyendo progresivamente, hasta el punto de que Shortbus acaba como un musical un tanto hortera. Un drama basado en el sexo, podríamos decir, acaba con un inmenso happy end romántico. O lo que es lo mismo, es que como si en una película X se casaran al final, y por la iglesia.

Por el camino, imágenes sorprendentes, un estilo barroco y abigarrado, personajes interesantes y muy reales, aunque parezca lo contrario. Mucha verdad. Pero todo eso es la materia prima, una sustancia que tiene poca forma, que se va deshaciendo como un azucarillo, y de la que al final apenas si quedan el recuerdo de un buen comienzo y las posibilidades malogradas de un filme que emplea toda su energía en demostrar que se puede provocar desde la honestidad, y que se puede hablar de sexo a las claras sin ser necesariamente superficial. Lo que pasa es que detrás de esas historias cruzadas y de esos personajes había más, mucho más.