Vi el sábado este debut cinematográfico de un cineasta español que no proviene del cortometraje ni tenía gran experiencia en otro ámbito del audiovisual. Un caso raro y, por tanto, interesante.Interesante es también el comienzo, con unos de los mejores títulos de crédito que recuerdo en el cine español (sí, los títulos de crédito, iniciales y finales, también forman parte de la película, por más que algunos se olviden de ello, y especialmente en nuestro país).
Enseguida queda claro que Alemán dirige bien, al menos en el ámbito técnico, y que tiene gusto para encuadrar y para colocar la cámara. También queda clara su herencia gótica, incluido el guiño al género español mediante la introducción en el casting del recientemente desaparecido Paul Naschy/Jacinto Molina.
Casting, por cierto, que es de lo mejor de la película en mi opinión. No sólo por Naschy, que también, si no sobre todo por algunos personajes secundarios que dan magnificamente el tipo de sus papeles, aunque el resultado de los trabajos interpretativos sea muy desigual. Hablo de Eusebio Poncela como Maximilian, de Jimmy Barnatán como Garbea, o de Francisco Maestre como Aleister Crowley, por ejemplo, aunque creo que casi todos están muy bien seleccionados.
La herencia Valdemar es, en fin, una pena: buenas intenciones, buena factura técnica (excepción hecha de algunos efectos especiales), atmósfera, buen casting... pero todo queda en un filme de escasa originalidad, mayormente desaprovechado en sus potencialidades y que, para mayor problema, no se cierra argumentalmente en sí mismo, quedando convertido al final casi en el capítulo de una miniserie para televisión (que es lo que parece, convertido en cine para rentabilizar más el producto). De ahí también que buena parte de la película dé una desasosegante sensación de relleno, como si cada escena pudiera durar fácilmente un 20% menos.
De nuevo, el cine español fracasa teniendo los elementos para triunfar. Una historia que se repite demasiado.
Un abrazo
Kike


