Intento recuperar el pulso de este blog, poco a poco pero con ganas. Toca hoy retomar las críticas de cine. Esta de hoy la vi el sábado 6 de marzo, ahí es nada.
¡Ay, La cinta blanca! Cuánto debate, cuánta diatriba, cuánta tinta, cuántas palabras...
No puedo decir que no me interesara esta película, pero sí debo decir que me irritó un poco... bastante. La verdad es que no es este lugar para extenderme demasiado, y tanto la película como su director, ese hábil manipulador llamado Michael Haneke, dan para muchos folios.
Hay que empezar diciendo que el marketing de la película creo que la ha perjudicado bastante. Porque ha provocado que una buena parte de espectadores fuéramos a verla con la idea de que el propósito fundamental del filme era hablar sobre "los orígenes del fascismo". Y, aunque (como luego explicaré) esa pretensión está en la película (que no el logro), lo cierto es que Haneke cuenta más cosas. Pero a veces, ay, las expectativas marcan el modo de ver el filme. Por eso, adelanto ya, esta es una película que habrá que revisar dentro de unos años, con otros ojos, más inocentes.
Me gustó mucho de La cinta blanca, quizá lo que más, el modo de tratar los universos masculino y femenino. Haneke nos muestra la microsociedad de un pequeño pueblo en la Alemania de principios de siglo, dominada por un ambiente de represión, secreto y oscuridad. Un universo marcado por la religión y por un puritanismo enfermizo. Un universo que, aunque aparentemente masculino, está muy marcado por la discreta influencia de las mujeres que, mediante la asunción del dominio y la crueldad masculinas, acaban convirtiéndose en cómplices de comportamientos execrables. Pero lo más curioso, e inteligente, que nos muestra Haneke, es que la mujer que menos se presta a ese juego es la esposa del "señor" del pueblo, un terrateniente de perfil feudal que no logra imponer a su mujer su visión de las cosas. Ella, con mucho más dinero y, por tanto, educación que las demás mujeres del pueblo (mayoritariamente pobres) tiene esa posibilidad: pensar por sí misma. Y así, la película engarza el que es, bajo mi punto de vista, el tema más interesante y coherente de todo su metraje: la influencia que la inclusión social en una clase u otra tiene, de manera definitiva, sobre la libertad y, por tanto, sobre la felicidad; y, por supuesto, como telón de fondo, el terrible modelo patriarcal, machista y prepotente, que dominaba Alemania (y Europa) en aquel momento.

Por lo demás, creo que Haneke es un cineasta que quiere jugar con todas las barajas y, muy inteligentemente, suele convencer a una buena parte de crítica y público; otras veces, no tan hábilmente, también convence. No puedo hablar con rigor, globalmente, de su trabajo, porque no lo he visto todo; pero los tres filmes que he tenido ocasión de analizar, me hacen pensar que es un cineasta bastante sobrevalorado. Aquí, Haneke pretende echar las redes en la crítica más exigente dando a entender que habla de un tema ideológicamente potente, y generando unos ritmos y unas características visuales muy queridas por la crítica tradicional; pero, por otra parte, se queda lo suficientemente corto en la dureza de los planteamientos (una fotografía en blanco y negro muy "blandita", al estilo de La lista de Schindler, casi cosmética; un juego un tanto cínico a la hora de mostrar la violencia..., etc.), como para agradar a una parte del público cinéfilo.
La cinta blanca comienza dando a entender que lo que se va a narrar "pudo ser verdad o no", y que "quizá" tuvo algo que ver con "lo que ocurrió en Alemania años después". Fíjese el lector en la suma de malabarismos y eufemismos para dar a entender sin explicar, para prometer y no dar. No dice "fascismo" sino "lo que ocurrió en Alemania años después" (vergonzante modo de adornar lo terrible); no tiene la valentía de asignar una relación causa-efecto entre lo que cuenta y el transcurso de los hechos históricos, pero lo deja caer sibilinamente; por no atreverse, ni siquiera se atreve a afirmar si lo que ocurrió fue así o es una mera "leyenda rural" o una invención completa. Así las cosas, es muy difícil tomar en serio al bueno de Haneke, y más hablando de un tema de la gravedad del fascismo: las dos fotografías de más abajo muestran una parte de la realidad del fascismo, y el modo en que Haneke se acerca a él. Acepto que se trata de una comparación demagógica, pero afirmo que hay temas a los que hay que acercarse con un mínimo de respeto a la realidad histórica. No de espaldas, si no de frente.

A mí, realmente, no me parece ético este planteamiento. Como no me parece ético hacer una película "bonita" con un trasfondo tan "feo" (ni ético ni coherente estéticamente). La cinta blanca tiene aspectos ténicos brillantes, Haneke demuestra ser un prestidigitador ético y estético de primer orden. Pero eso no es suficiente, en mi opinión, para hablar de buen cine ni, mucho menos, de cine comprometido.
El fascismo, y más en estos tiempos que corren, necesita tratamientos menos cosméticos, menos eufemísticos. Más valientes, más crudos, más didácticos.
Pero prometo seguir viendo películas de Haneke, las que tenga atrasadas y las que vengan, para llegar a la conclusión definitiva sobre si es un tipo valioso o un farsante con más bien poca vergüenza.
Un abrazo
Kike