El 11 de Julio de 2010 es ya un día para la Historia del deporte en España. Lo cual, teniendo en cuenta la importancia del deporte en este país, y otras circunstancias que rodean el momento actual, es tanto como decir que es una fecha para la Historia de España. La gesta deportiva de esta selección pone fin a muchas décadas de frustraciones y de malos augurios, de pesimismo y de derrotismo, de sentimiento de inferioridad y de melancolía. Durante muchas generaciones, dada la magnitud popular del fútbol en España, esas emociones negativas se han ido trasladando inevitablemente, contagiándonos a todos de una resignación ante los hados del destino que parecían acompañarnos indefectiblemente para el resto de nuestras vidas. El deporte, y más concretamente el fútbol, es una realidad importante en la infancia de casi todos los españoles; y, en cierto modo, existe en muchos de los que no hemos podido vivir una alegría así cuando éramos pequeños una cierta envidia muy sana hacia los niños de ahora. Dicho todo esto, hay que ampliar sin duda la visión más allá del deporte, pero no en la equivocada dirección política en la que algunos quieren tirar. Como, por ejemplo, los periódicos tradicionales del centro-derecha, que apelan a "España, unida..." (editorial de El Mundo), "Metáfora para una nación" (editorial de ABC), "...tenemos que creer en España como nación" (editorial de La Razón), ni alguno de izquierda que dice "...que una España plural es posible siempre que el nacionalismo de botijo..." (opinión del subdirector de Público). Sólo El País ha sabido estar a la altura, poniendo en su justa medida deportiva el gran éxito, y realizando sólo un par de apreciaciones sociológicas y económicas.
Y, por otra parte, necesitados de una alegría en un momento en el que casi nada ofrece ese rostro optimista. Y eso es también una terapia necesaria. Reir, llorar de alegría, brindar, gritar, bailar, cantar... todas esas cosas con las que cada uno, a su estilo y manera, trata de ahuyentar sus fantasmas cotidianos. Todo eso es, al fin y al cabo, lo que hubo ayer: alegría. Mayor alegría, lógicamente, para los que gustamos del fútbol en mayor o menor medida (que en este país es un porcentaje altísimo), pero también para muchísimos ciudadanos que nunca o casi nunca ven fútbol, y ayer lo vieron, y tuvieron así también esa alegría compartida.
Ambas cosas, la alegría, y el hecho de estar unidos durante un día, es algo que siempre viene bien. Viene bien en nuestras vidas cotidianas, con los nuestros, como cuando lo hacemos en Navidad (aunque a veces nos sintamos incómodos al tercer día compartido), y también viene bien en el ámbito social (aunque alguno, dentro de una semana, se empiece a sentir incómodo con tanta bandera, y otros con tanta "roja"). Es una buena terapia que, cuanto más dure, mejor.
Una terapia piscológica y sociológica. Pero no política, que nadie se equivoque. Quien intente llevar este éxito colectivo al terreno ideológico, por un lado ("la roja") o por otro ("la unidad nacional"), se estará equivocando absolutamente. Ayer Puyol y Xavi lo celebraron con la senyera, Pedro con la bandera de Canarias, Iniesta acordándose de Jarque, Sergio Ramos acordándose de Puerta, Casillas besando a su novia: son sentimientos, no política. Y lo dice un fan de la política.Este éxito de la selección española quedará en nuestra memoria como un hito histórico, al que volverán las generaciones venideras. Es legítimo y necesario vivirlo como una alegría colectiva: no tenemos muchas, y es magnífico poder aprovechar esta. Forma ya parte de nuestra historia sentimental que, al fin y al cabo, es la que perdura en los lugares recónditos de nuestra memoria.
Un abrazo a todas/os
Kike