domingo, 23 de febrero de 2014

El pacto de las tres R

Hola a todas/os.

Tengo una sospecha.

Hace ya algún tiempo, quizá algo más de un año, que tengo la sensación de que un cambio político de serio calado en España es ya inevitable. Cuestión de tiempo. Cuando hablo de serio calado, hablo de una renovación de muchas ramas, del tronco y quizá de algún cuidado necesario que precisa la raíz. Muy profundo.

Es una sensación que, como casi todas las sensaciones, no provienen de la nada, sino de una serie de datos, experiencias acumuladas, informaciones más o menos precisas y, por supuesto, sí, algo de eso que llamamos intuición y que según ya algunos científicos tiene en ocasiones más valor que la racionalidad completa a la hora de percibir certezas, tomar decisiones y "predecir" el futuro.

Y lo que no es una sensación, sino casi una evidencia, es que las élites de la política española actúan como si también tuvieran esa sensación. Solo que ellos no se sirven de sensaciones, sino de información muy precisa que les llega de mil fuentes diferentes, incluyendo, no lo olvidemos, los servicios secretos (el CNI, Centro Nacional de Inteligencia).

¿Qué evidencias?

1ª. Los movimientos en la Casa Real. Son muy conscientes de su extrema debilidad. La ruptura del matrimonio de la Infanta Elena, la imputación de la Infanta Cristina y su marido, el perdón obligado del Rey por su incidente africano y los rumores de su relación con Corinna, así como las cada vez más insistentes insinuaciones sobre las dificultades en el matrimonio entre Felipe y Letizia, son razones más que de sobra para que salten todas las alarmas. De ahí el pretendido (e ineficaz) impulso de transparencia (información en redes sociales, publicación de parte de las cuentas), el perfil cada vez más bajo del Rey y el relevo encubierto a Felipe. Las encuestas ofrecen a la institución de la Corona su menor popularidad desde que empezó la democracia, y cada vez son más los españoles que la consideran prescindible. Sin duda, ellos lo saben mejor que nadie porque tienen más información que nadie. Finalmente, resulta muy reveladora la permanente apelación del Rey al acuerdo entre las principales fuerzas políticas.



2ª. El Partido Popular ha descendido enormemente su beligerancia contra el partido que, hasta la fecha, le ha disputado siempre el poder, el PSOE. Quedan ya lejos las invectivas de Rajoy a Zapatero ("ha traicionado usted a los muertos", a propósito de ETA), y por supuesto la extraordinaria beligerancia de Aznar contra González y contra el propio Zapatero. Ese descenso de la agresividad se puede deber a dos factores, y cualquiera de los dos redunda en la tesis que planteo. El primero es que son conscientes de su debilidad, sobre todo a causa del tremendo caso Gürtel (que amenaza la supervivencia de la organización) y de las peleas internas por el poder, cuyos ecos resuenan cada vez que hablan Aznar o Aguirre: esa debilidad les frena el ataque para evitar respuestas contundentes. La segunda razón, que puede darse alternativamente a la primera pero también paralelamente, es que son conscientes de la debilidad de un PSOE que tiene un líder peor valorado que Rajoy, una huida constante de militantes, una galopante incapacidad para recuperar intención de voto y aún más para renovar rostros y discurso; de modo que, ¿para qué malgastar energía en atacar a un rival tan débil?

3ª. El PSOE ha descendido enormemente su beligerancia hacia el PP, que es el partido gobernante y hacia el que su obligación es realizar oposición. Rajoy y el PP dan cada semana varias razones de peso para realizar una oposición durísima, desde su insultante ninguneo a la ciudadanía por incomparecencia hasta el flagrante incumplimiento de su programa electoral, pasando por la política cruelmente antisocial; cualquier reacción contundente por parte del PSOE no solo sería comprendida por su base social, sino que está siendo demandada a gritos sin recibir respuesta. Anteayer mismo, el Grupo Parlamentario del PSOE decidió abstenerse en la petición de dimisión al Ministro de Interior por lo acontecido con los inmigrantes en Ceuta. Todo esto intenta ser compensado con la sobreactuación en algunos temas (el aborto), pero un análisis riguroso de la labor de oposición demuestra que la contundencia brilla por su ausencia. También es muy reseñable la alfombra roja que el PSOE le pone a la Casa Real una vez y otra también, incluso ante temas que nos sonrojan a todos; esto, viniendo de un partido de origen republicano y con bases sociales mayoritariamente republicanas, es más que significativo.



4ª. Los movimientos en los medios de comunicación. Hace tiempo que resulta difícil discernir si los discursos de Rubalcaba los escribe Cebrián (quien dirige los destinos del Grupo PRISA, es decir, El País y Cadena SER) o los editoriales de Cebrián los escribe Rubalcaba; eso quiere decir que, como mínimo, los consensúan, o bien que hablan tanto y tan a menudo que ni siquiera les hace falta consensuarlos; a esto hay que añadirle el cambio de director de El País, para incorporar a uno de sus periodistas más derechizados, lo que resulta coherente con la deriva de un diario del que ya no queda prácticamente nada de lo que fue en la Transición. Curiosamente también (muchas curiosidades), Pedro J. Ramírez, fundador de El Mundo, fue relevado en la dirección de ese periódico hace no muchos días; un periodista discutido y discutible pero que parece resultar demasiado incómodo para el partido en el Gobierno, hasta el punto de que en su despedida ante la redacción acusó claramente a Rajoy de estar detrás de su destitución. Es decir, que los principales medios de comunicación (hablamos de grandes grupos, no solo de medios concretos) están claramente controlados por el poder político, siendo casi extensiones suyas.

5ª. El Poder Judicial. Si el control de los medios de comunicación es evidente, no menos evidente es el control del Poder Judicial. Es ya sabido el modo en que se eligen los órganos judiciales, y las cruentas batallas políticas que se mantienen por "controlar" el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional. Pero todo esto se ha hecho evidente para la ciudadanía cuando el juez Baltasar Garzón, primero, y el juez José Elpidio Silva, después, han sido perseguidos hasta la inhabilitación. El primero cometió el error de escudriñar en las fosas del franquismo (fantasma de un PP que a estas alturas de la democracia aún no ha rechazado frontalmente la dictadura de Franco) y, sobre todo, por meter la nariz en el caso Gürtel, pozo sin fondo de corrupción del partido en el Gobierno. Elpidio cometió el error imperdonable de meter en la cárcel a un banquero, pues todo el mundo sabe la buena relación existente entre el PP y los banqueros. Y aquí cerramos el círculo endogámico de la política española, al llegar al poder económico, cuyas raíces tanto se cruzan con las del poder político (esto sería asunto para otro post).

Tenemos, por tanto, la evidencia de que cuando los jueces intentan hacer justicia con el poder político o el económico son inhabilitados, sabiendo que los órganos judiciales son nombrados por los dos grandes partidos, PSOE y PP. Tenemos que los medios de comunicación más importantes son prácticamente extensiones de los dos grandes partidos, PSOE y PP. Tenemos que PSOE y PP han descendido notablemente su beligerancia mutua y que no existe crítica alguna de ninguno de los dos a la Casa Real. Y tenemos que la Casa Real teme por su estabilidad y apela públicamente al acuerdo entre los dos grandes partidos.

Blanco y en botella...



La política española está abocada al Pacto de las Tres R: Rajoy, Rubalcaba y el Rey. Por eso Rajoy se consolida en el liderazgo del PP, por eso Rubalcaba se mantiene contra viento y marea (y se mantendrá siendo el candidato a la Presidencia del Gobierno por el PSOE, y si para eso tienen que suspenderse las primarias previstas, se suspenderán) y por eso el Rey mantiene un perfil bajo mientras las otras dos R le hacen el trabajo.

Los tres saben que se necesitan para sostener un sistema que no aguanta más. Por eso se agreden lo menos posible (lo justo para que parezca que existe pugna política) o incluso se apoyan explícitamente cuando es necesario. Rajoy sabe que cualquier candidato que no fuera Rubalcaba sería letal para él; Rubalcaba sabe que cualquier candidato que no fuera Rajoy acabaría con sus escasas posibilidades. Por eso se molestan lo justo. Y el Rey sabe que un PSOE republicano está a la espera de que se vaya Rubalcaba, del mismo modo que sabe que otro líder en el PP no le asegura las genuflexiones que ahora le otorga Rajoy.

Lo que no saben es que el cambio es ya inevitable. Y que ponerle puertas al campo suele traer más sufrimiento que felicidad. Pero la ambición por el poder parece infinita.

Así que es importante que alguna de las tres R caiga pronto. Ese será el principio del fin de un sistema político ya inservible.

Lo veremos.

Abrazos
Kike