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¿Rubalcaba?¿Alfredo?: Del 15-M al 26-M



Hola, a todas/os:

Antes del 15-M, Alfredo Pérez Rubalcaba era para muchos el mejor candidato del PSOE para enfrentarse a Mariano Rajoy en las próximas elecciones generales. Yo, desde luego, lo contemplaba como una buena opción, aun con ciertas reticencias, que no detallaré ahora porque desde esa fecha las cosas han cambiado lo suficiente como para que las reflexiones deban ser otras.

Tal como decía en mi post anterior, y como había previsto en otros posts desde 2010, lo que empezó en España el 15-M era sólo cuestión de tiempo. Afortunadamente, ha pasado menos tiempo del que yo esperaba. Desgraciadamente, ha tenido que ocurrir porque desde dentro de los partidos políticos progresistas, no se ha tenido capacidad de ir por delante de la sociedad, ni siquiera a su mismo ritmo.
El 15-M significa fundamentalmente una cosa: no se quiere que el sistema político democrático funcione en España como hasta ahora. No se trata de algo esencialmente antisistema, ni por supuesto apolítico o antipolítico: se trata de una reacción ciudadana extraordinariamente cívica que, mediante una organización asamblearia, ha decidido hacer política de otra manera y exigir a los que la hacen desde los partidos que cambien su forma de hacerla. Es decir, y tal como vengo defendiendo hace tiempo: la urgencia de transformar una vieja política en una “nueva política”.

Esta es la primera razón por la que Alfredo Pérez Rubalcaba no es, desde el 15-M, tan buen candidato como lo era antes. Porque si algo representa, desde luego, es la “vieja política”. Basada en el poder de las cúpulas de los partidos o en la habilidad comunicativa para “vender” la gestión como un fin en sí mismo, por poner sólo dos ejemplos que él representa a la perfección. Rubalcaba quiere ahora ser Alfredo, pero cabe preguntar por qué no empezó a serlo hace dos años, o cuatro, o diez. Ingresó en el PSOE en 1974, y ha estado en los gobiernos de Felipe González y Zapatero, y en la oposición contra Aznar. Es un político extraordinario, pero de una política en vías de extinción. Esa es la triste y extraña paradoja.
Pero es que después del 15-M llegó el 22-M. Con los peores resultados de la Historia del PSOE. Y ya no es tanto que Rubalcaba tenga una responsabilidad directa en ellos (como Vicepresidente del Gobierno y como perteneciente al grupo de tres o cuatro personas que han venido determinando el destino del PSOE en los últimos años); no, no es solo eso. Es que la magnitud de la derrota va más allá de análisis electorales locales, regionales o nacionales (que todos esos ámbitos han influido) y supone un toque de atención severísimo sobre la evolución del partido, desde aquel lejano 1986 donde se comenzaron a perder votos por la decepción de muchos votantes de 1982 al introducir el PSOE a España en la OTAN, con un referéndum donde, por cierto, casi un 40% de los españoles dijo “No”. Desde entonces, y excepto el paréntesis 2004-2012, el PSOE no ha dejado de perder representación en el Parlamento, y da la sensación ahora de que el resultado de 2012 puede parecerse más al de 2000 (el peor de la Historia en unas generales) que a cualquier otro. También entonces lideraba el partido alguien, Joaquín Almunia, que representaba el pasado frente al futuro, al "aparato", y que había perdido unas primarias poco tiempo antes. Por eso quizá Rubalcaba no ha querido tener ningún rival fuerte en estas primarias de ahora. La derrota del 22-M anuncia todo esto, y por eso es una fecha fundamental en el no-futuro de Rubalcaba.

Qué decir del 26-M, con esas declaraciones de Chacón, anunciando que quiso presentarse a las primarias, y que no lo hace para evitar un enorme perjuicio al partido y al país, tras una operación por parte de compañeros de partido que no creían en las primarias y que, lógicamente, beneficia a la candidatura de Rubalcaba, que será anunciada un día después por parte de Pepe Blanco, tras un cónclave de las 25 personas que deciden el futuro de un partido de 220.000 militantes. Chacón anuncia el que sería su programa —este sí, de cambio—, haciendo propias algunas de las propuestas del 15-M. Así, el 26-M le pone la puntilla a la llamada democracia interna con la que supuestamente Rubalcaba sería candidato del PSOE y, cerrando el círculo del 15-M, que precisamente reclama de los partidos más y mejor democracia, inhabilita definitivamente a Alfredo, o Rubalcaba, como el candidato idóneo que los ciudadanos progresistas están pidiendo.

Las recientes encuestas parecen sorprender porque no se ha entendido nada de esto. Dicen, las publicadas hoy domingo en alguno de los principales medios, que Rubalcaba está mejor valorado que Rajoy, pero que el PSOE sigue casi 14 puntos por debajo. Y se sorprenden. La “vieja política” que representa Rubalcaba tiene como una de sus máximas que si las cosas se “venden” bien, se puede ganar; pero la ciudadanía ya sabe mucho más que hace treinta años, cuando los españoles comenzamos a entrenarnos en la democracia. Ahora saben que detrás de un rostro nuevo, por más que sea el de alguien muy brillante, competente y capaz, no siempre hay una nueva política. La gente le prefiere a Rajoy porque Rajoy, además de representar también la vieja política, es conservador (en un país donde la mayoría social no lo es), y además no tiene carisma, ni telegenia, ni elocuencia. Es un peor líder, y de ahí la diferencia entre ambos. Pero que nadie olvide que Alfredo tampoco llega al aprobado. Y que un 40% de los votantes del PSOE, según "El País" de hoy o no tienen claro que Rubalcaba sea el mejor candidato o directamente tienen claro que no lo es.


Pero es que además las imágenes de los líderes no tienen por qué coincidir en este nuevo tiempo con la imagen de los partidos. ¿Qué ha cambiado el PSOE desde el 15-M, desde el 22-M, desde el 26-M? Nada. ¿Qué ha anunciado, concretamente, que va a cambiar? Nada. Por tanto, sí, habrá diferencias entre la valoración de Zapatero y la de Rubalcaba, pero no en la del PSOE. Algo completamente lógico. Pero no se hace este análisis dentro del partido por parte de los dirigentes. Sí por parte de los militantes, de decenas y decenas de militantes en toda España que estamos pidiendo un cambio. Y que llegará tarde o temprano.
Pero, cuando llegue, que nadie de la “vieja política” (y esto no es una cuestión de edad: aquí entra también gente de 20 y de 30 años que se ha adherido al aparato del partido hace mucho tiempo) quiera subirse al carro de la “nueva política” para liderarla. No estarán legitimados y no podrán hacerlo. No les dejaremos los militantes, pero aunque les dejáramos, los ciudadanos les castigarían.

Eso puede pasar en 2012 con Rubalcaba. Perdón, con Alfredo.
Un abrazo
Kike


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