domingo, 9 de mayo de 2010

La cinta blanca (Das weisse Band - Eine deutsche Kindergeschichte, Michael Haneke; Austria-Alemania-Francia-Italia, 2009) [Calificación: **]


Intento recuperar el pulso de este blog, poco a poco pero con ganas. Toca hoy retomar las críticas de cine. Esta de hoy la vi el sábado 6 de marzo, ahí es nada.

¡Ay, La cinta blanca! Cuánto debate, cuánta diatriba, cuánta tinta, cuántas palabras...

No puedo decir que no me interesara esta película, pero sí debo decir que me irritó un poco... bastante. La verdad es que no es este lugar para extenderme demasiado, y tanto la película como su director, ese hábil manipulador llamado Michael Haneke, dan para muchos folios.

Hay que empezar diciendo que el marketing de la película creo que la ha perjudicado bastante. Porque ha provocado que una buena parte de espectadores fuéramos a verla con la idea de que el propósito fundamental del filme era hablar sobre "los orígenes del fascismo". Y, aunque (como luego explicaré) esa pretensión está en la película (que no el logro), lo cierto es que Haneke cuenta más cosas. Pero a veces, ay, las expectativas marcan el modo de ver el filme. Por eso, adelanto ya, esta es una película que habrá que revisar dentro de unos años, con otros ojos, más inocentes.

Me gustó mucho de La cinta blanca, quizá lo que más, el modo de tratar los universos masculino y femenino. Haneke nos muestra la microsociedad de un pequeño pueblo en la Alemania de principios de siglo, dominada por un ambiente de represión, secreto y oscuridad. Un universo marcado por la religión y por un puritanismo enfermizo. Un universo que, aunque aparentemente masculino, está muy marcado por la discreta influencia de las mujeres que, mediante la asunción del dominio y la crueldad masculinas, acaban convirtiéndose en cómplices de comportamientos execrables. Pero lo más curioso, e inteligente, que nos muestra Haneke, es que la mujer que menos se presta a ese juego es la esposa del "señor" del pueblo, un terrateniente de perfil feudal que no logra imponer a su mujer su visión de las cosas. Ella, con mucho más dinero y, por tanto, educación que las demás mujeres del pueblo (mayoritariamente pobres) tiene esa posibilidad: pensar por sí misma. Y así, la película engarza el que es, bajo mi punto de vista, el tema más interesante y coherente de todo su metraje: la influencia que la inclusión social en una clase u otra tiene, de manera definitiva, sobre la libertad y, por tanto, sobre la felicidad; y, por supuesto, como telón de fondo, el terrible modelo patriarcal, machista y prepotente, que dominaba Alemania (y Europa) en aquel momento.

Por lo demás, creo que Haneke es un cineasta que quiere jugar con todas las barajas y, muy inteligentemente, suele convencer a una buena parte de crítica y público; otras veces, no tan hábilmente, también convence. No puedo hablar con rigor, globalmente, de su trabajo, porque no lo he visto todo; pero los tres filmes que he tenido ocasión de analizar, me hacen pensar que es un cineasta bastante sobrevalorado. Aquí, Haneke pretende echar las redes en la crítica más exigente dando a entender que habla de un tema ideológicamente potente, y generando unos ritmos y unas características visuales muy queridas por la crítica tradicional; pero, por otra parte, se queda lo suficientemente corto en la dureza de los planteamientos (una fotografía en blanco y negro muy "blandita", al estilo de La lista de Schindler, casi cosmética; un juego un tanto cínico a la hora de mostrar la violencia..., etc.), como para agradar a una parte del público cinéfilo.

La cinta blanca comienza dando a entender que lo que se va a narrar "pudo ser verdad o  no", y que "quizá" tuvo algo que ver con "lo que ocurrió en Alemania años después". Fíjese el lector en la suma de malabarismos y eufemismos para dar a entender sin explicar, para prometer y no dar. No dice "fascismo" sino "lo que ocurrió en Alemania años después" (vergonzante modo de adornar lo terrible); no tiene la valentía de asignar una relación causa-efecto entre lo que cuenta y el transcurso de los hechos históricos, pero lo deja caer sibilinamente; por no atreverse, ni siquiera se atreve a afirmar si lo que ocurrió fue así o es una mera "leyenda rural" o una invención completa. Así las cosas, es muy difícil tomar en serio al bueno de Haneke, y más hablando de un tema de la gravedad del fascismo: las dos fotografías de más abajo muestran una parte de la realidad del fascismo, y el modo en que Haneke se acerca a él. Acepto que se trata de una comparación demagógica, pero afirmo que hay temas a los que hay que acercarse con un mínimo de respeto a la realidad histórica. No de espaldas, si no de frente.

A mí, realmente, no me parece ético este planteamiento. Como no me parece ético hacer una película "bonita" con un trasfondo tan "feo" (ni ético ni coherente estéticamente). La cinta blanca tiene aspectos ténicos brillantes, Haneke demuestra ser un prestidigitador ético y estético de primer orden. Pero eso no es suficiente, en mi opinión, para hablar de buen cine ni, mucho menos, de cine comprometido.


El fascismo, y más en estos tiempos que corren, necesita tratamientos menos cosméticos, menos eufemísticos. Más valientes, más crudos, más didácticos.

Pero prometo seguir viendo películas de Haneke, las que tenga atrasadas y las que vengan, para llegar a la conclusión definitiva sobre si es un tipo valioso o un farsante con más bien poca vergüenza.

Un abrazo
Kike

2 comentarios:

Okr dijo...

A mí no me ha encantado, como lo hizo en su día su primera 'Funny Games', pero no coincido contigo en algunas cosas.

Que no hable directamente de fascismo, usando la palabra, no lo veo algo grave. Con lo dicho en la película el espectador sabe a que se refiere. No veo necesario dar más detalle porque todos conocemos los detalles y las palabras. No es un acto de cobardía: Haneke siempre habla de violencia sin enseñarla del todo y así la hace más dura si cabe. Es su manera de hablar de ella. Te enseña las consecuencias, la ves de refilón, pero sabes que está ahí.

En esta peli quiere enseñar la semilla del nazismo y yo la veo en esos niños que ejercen la violencia en la película sin aparente arrepentimiento, y que son fruto de la educación recibida, del maltrato, del sistema, de mil cosas, y que son protegidos por el resto, y quien levante la voz, o cae o tiene que huir.

Haneke no sabe si eso que enseña en verdad es el origen del fascismo alemán. Es una posibilidad. Un "pudo ser esto"... y lo cuenta como tal. No es Historia, no es un documental, es una película, y como tal, una ficción en la que el director crea su mundo, una fábula que cuenta lo que pudo ser, según su imaginación, la semilla de lo que vino después en Alemania.

Películas más directas, menos poéticas, sobre la Alemania nazi hay muchas. Haneke ha hablado del nazismo (de un posible origen) con su estilo, sin repetir lo hecho por otros, sin ir a lo fácil y ya visto, a los campos de concentración, a la guerra, a la muerte o a los guetos. Se puede hablar de eso tan terrible de otra forma. Y esta es una de ellas.

Kike dijo...

Y... entonces... ¿por qué no te ha encantado?

Comprendo todo lo que dices, y acepto que pueda verse así, y creo que una mayoría de espectadores lo puede ver así.

¿Ves, Marco? Hay una cosa que tú dices que demuestra cómo Haneke juega a todos los palos. Dices que no muestra la violencia. ¿Cómo qué no? En "La cinta blanca" se ve violencia; y también en "La pianista". Ahora bien, es violencia "blanda". No creo que el espectador medio se vea especialmente agredido por sus películas; juega a ser aceptado por el espectador medio y a ser entronizado por la crítica por eso mismo que dices tú, que habla de la violencia sin enseñarla, y no es cierto.

Y a mí me parece cobarde porque si cogiera el toro por los cuernos, yo ahora, en vez de hacer una crítica con tantos matices, le podria decir: "tú eres tonto". Porque ni nada de lo que aparece en la peli tiene que ver con el origen del nazismo, ni el nazismo es un tema tan superficial como para poder abordarlo de manera tan simplista, ni habría tantos espectadores dispuestos a tragar la comparación. Pero como no aborda directamente, tampoco nadie le puede criticar directamente, y a eso me refiero cuando hablo de que hace un cine sibilino.

Acepto que se pueda tratar cualquier hecho de casi cualquier forma. También el fascismo. Pero cuesta aceptar que se juegue demasiado con la verdad histórica. En una Europa (y no te digo en EE.UU.) donde muchos jóvenes saben quién es Hitler más por el cine que por la Historia, es peligroso que se hagan cosas como "Malditos bastardos" y "La cinta blanca", aunque sean dos abordajes al tema originales. Son originales, pero muy frívolos. Una película como "Ser o no ser" de Lubitsch, que es una comedia descacharrante (o, en la misma línea, "El gran dictador"), son más auténticas que estos acercamientos poco honestos, que tratan de aprovechar el tema como marketing y que, en mi opinión, no muestran la suficiente responsabilidad.

Acepto, eso sí, que mi postura pueda considerarse demasiado purista o exigente.

Un abrazo
Kike