sábado, 2 de octubre de 2010

Cáceres 2016


Hola a todas/os:

Llegué a Cáceres en 2007. No nací aquí, pero llevo viviendo y trabajando en la ciudad hace tres años y medio. No me considero de ningún sitio o de muchos, y en eso me diferencio mucho de los extremeños, que poseen un gran sentimiento de pertenencia a la tierra. Nací en Soria, donde viví 18 años; viajé a Madrid para estudiar y me quedé a trabajar, durante otros 14 años; casi 4 en Cáceres. Todas las ciudades que he visitado, dentro y fuera de España tienen cosas de gran valor, dependiendo siempre del punto de vista desde el que se mire.

Lo que más me llamó la atención de Cáceres desde un principio fueron dos cosas: su espectacular ciudad monumental, sin duda uno de los entornos más bellos que he conocido, que te traslada necesariamente a otro tiempo y otro lugar, que te cuenta parte de la Historia; y la amabilidad de la ciudad, hablando no sólo de la amabilidad de sus gentes, sino también de sus calles, de sus parques y de su estructura. Es una ciudad en la que se vive muy bien. Ahora, como soriano y madrileño yo también soy un poco cacereño, además de estar involucrado en la ciudad mediante mi participación en proyectos culturales y políticos.

Otra de las cosas que me llamaron la atención fue la enorme ilusión con que se estaba trabajando en el proyecto de capitalidad cultural para 2016. Ya viviendo aquí he podido comprobar que además de ilusión ha habido muchísimo esfuerzo y tiempo dedicados. Cáceres es una ciudad que merece ser Capital Cultural de Europa, que ha trabajado lo suficiente para serlo, y que tiene casi todo para poder serlo. Sin embargo, no ha podido ser.

No se puede ganar siempre, pero tampoco cabe resignarse a perder. No se trata de cambiar para gustar a los demás, pero sí cabe preguntarse qué es lo que no les ha gustado. Se trata de estar satisfecho con uno mismo, pero también de ser capaz de competir con otros por el cariño de los demás. Cáceres debe continuar adelante con su proyecto cultural con toda la fuerza y la convicción de que es un gran proyecto, y de que en 2016 y después podrá ofrecer a España, a Europa y al Mundo un entorno mejor y un desarrollo cultural digno de elogio.

Pero Cáceres y Extremadura también deben hacerse preguntas. ¿Por qué siguen sin dejarnos jugar en la liga de los mejores? Se podría acudir a viejas explicaciones: prejuicios, preferencias políticas, falta de influencia... y muchas otras. Y seguro que un poco de todas ellas existe. Pero no se debe excluir la posibilidad de que algo pueda hacerse mejor. Nunca debe excluirse esa posibilidad si se quiere mirar hacia adelante con exigencia y con ilusión por evolucionar.

No conozco el proyecto 2016, porque no se ha hecho público por entero, y quizá ahí haya muchas respuestas. Pero quizá no todas. Extremadura debe preguntarse qué modelo cultural desea. Apoyar la cultura no significa apoyar toda la cultura. La iniciativa privada es libre de impulsar cualquier proyecto, que además siempre enriquecerá las ciudades. Pero la iniciativa pública debe preguntarse hacia dónde quiere conducir el desarrollo cultural. No es lo mismo apoyar la cultura del evento que la cultura de poso; no es lo mismo apoyar la cultura popular que la cultura de prestigio; no es lo mismo apoyar la cultura mirando sólo hacia adentro que hacerlo mirando también hacia afuera. Ningún proyecto es malo o bueno "per se", pero sí es cierto que hay que elegir, porque los hay incompatibles.

Extremadura es una región bellísima, con un potencial de desarrollo enorme, es una región de futuro. El futuro se construye mirando hacia adelante y no hacia atrás. Es bueno continuar adelante con el proyecto cultural de Cáceres, pero no sé si es bueno seguir llamándolo "Cáceres 2016". Extremadura y Cáceres tienen muchisimas más cosas con las que poder construir ese proyecto, más que con el impulso de esta candidatura.

Cáceres, en concreto, son dos Cáceres. El público y el oculto. Desde que vivo aquí, me da la sensación de que hay un Cáceres oculto siempre a punto de eclosionar, pero nunca lo suficientemente fuerte o libre para poder hacerse visible. Un montón de gente, de diversas edades aunque fundamentalmente jóvenes, que quieren hacer muchísimas cosas, que tienen mucho talento, que aman Cáceres y Extremadura, pero que no encuentran hueco entre grupos demasiado cerrados y estructuras poco dinámicas. Hay que lograr que ese Cáceres oculto salga a la luz; no siempre para sustituir al otro, sino también para complementarlo.


Cáceres y Extremadura deben preguntarse si les basta con estar satisfechos consigo mismos o también quieren competir con los demás. Para competir con los demás hay que gustar a los demás. Al jurado de Cáceres 2016, por la razón que sea (sin descartar otras que no tienen que ver con la objetividad) no se ha gustado. Cualquier respuesta será válida, y sobre cualquier respuesta se podrá construir un buen modelo (uno, sólo para los extremeños; el otro, para todos), pero no son compatibles.

Este fracaso debe servir para tomar impulso en dos direcciones: desarrollar el proyecto al máximo y demostrar a Europa que hubiéramos sido una magnífica Capital Cultural; y preguntarnos qué modelo de desarrollo cultural queremos y, en función de eso, hacer todo lo posible por mejorar todo lo mucho que ya está hecho.

Adelante Cáceres, y Extremadura. Se ha ganado un presente impensable hace treinta años. Se puede ganar un futuro aún mejor.

Un abrazo
Kike

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