viernes, 31 de diciembre de 2010

Feliz 2011


Hola, a todas/os:

Cuanto más pienso en aquello de lo que nos ha obligado a hablar el 2010 que se nos va, más importante me parece intentar trascenderlo, y mirar más allá no sólo de los titulares de prensa sino incluso del ambiente general en el que hemos vivido; de todo aquello de lo que hemos hablado y oído hablar; casi de todo aquello en lo que hemos pensado. Alejarnos de ello pero sin olvidarlo. Tarea difícil.

Sin embargo, pensé en los temas básicos de este blog, y me acordé de una enorme película que puede servirnos para este propósito. Pensar en Ciudadano Kane (Citizen Kane, Orson Welles; EE.UU., 1941) es pensar en una de mis películas favoritas, una de esas que le hacen a uno olvidarse de casi todo. Pero es también pensar en una de las más amargas reflexiones sobre el poder que, al fin y al cabo, es esencia de la política. Y pensar en Ciudadano Kane es pensar en otra cosa diferente a lo que nos ha obligado pensar 2010 sin dejar de pensar en 2010; es decir, volver la vista atrás con la suficiente distancia como para sacar buenas lecciones y dejar lejos la amargura.

Aquí van el comienzo y el final de la película. A quienes no la hayáis visto, os recomiendo que lo hagáis antes de seguir leyendo, no os arrepentiréis; a quienes ya la habéis disfrutado, mis palabras en la postdata os aclararán el por qué utilizo estas imágenes para desearos un Nuevo Año 2011 con más futuro y menos pasado, con más crisis como oportunidad y menos crisis como catástrofe, con más amor por el poder transformador que por el poder acumulador y, en fin, con más ilusión por las cosas que de verdad importan.

En los primeros días de 2011, llegarán mis resúmenes de lo mejor del cine y lo más interesante de la política de 2010.

Un fuerte abrazo
Kike

p.d: Kane y Feliz 2011

- Ciudadano Kane comienza con un cartel —viejo y oxidado— amenazador ("No pasar") ante lo que parece una impresionante mansión en una no menos impresionante finca; la música confirma la amenaza. Los fundidos encadenados nos informan de la enorme altura de la valla que impide la entrada; la difusa vista de la mansión informa de la enorme distancia, de la grandeza de la finca. Los animales y objetos exóticos nos informan de la riqueza y de la extravagancia. El olor a decadencia casi traspasa la pantalla. Luz en una ventana de la mansión, que se apaga repentinamente y se vuelve a encender. Una imagen de nieve nos hace pensar en un paisaje invernal, con una pequeña casita nevada, pero enseguida vemos que se trata de una bola de cristal en la mano inerte de un hombre. Los labios de ese hombre sólo profieren una palabra: "Rosebud", y la bola se cae y se hace añicos. Una asistenta entra y tapa el cadáver del hombre muerto, que suponemos ya que es el magnate dueño de la mansión.

- Entre el comienzo y el final, una investigación destinada a saber quién era verdaderamente él, un todopoderoso empresario del periodismo cuya faceta personal casi nadie conoció. Y qué quería decir "Rosebud", como la última palabra pronunciada por uno de los seres más poderosos del mundo.

- En el final, algunas de las personas encargadas de la mudanza de la mansión dan las últimas indicaciones para organizarlo todo, y coinciden con periodistas y demás personas cercanas a Charles Foster Kane. Se da por imposible descubir qué quiso decir con "Rosebud". Se habla de que todo aquello cuesta millones... siempre que le interese a alguien. La cámara se va alejando de los personajes y mostrándonos la inmensidad de las pertenencias de Kane; por encadenado se nos muestra un plano donde las cajas parecen rascacielos y todo aquello una pequeña gran ciudad. La cámara, ahora sin testigos, nos hace una panorámica por entre las cajas. Se para delante de una vieja caja de lo que parecen juguetes infantiles y recuerdos familiares, y vemos unas manos que recogen un pequeño trineo de madera. Se da la orden de lanzarlo al fuego por inservible y, ya quemándose, de nuevo por encadenado, observamos que en el juguete se lee la palabra "Rosebud". Del fuego al humo negro que sale por la chimenea del edificio, y de ahí a la verja y al cartel de "No pasar" que escondía una personalidad sólo comprendida ahora por los espectadores de la película, ya que ningún personaje ha tenido acceso al secreto.

El secreto, como hemos podido saber a lo largo del filme, es la infancia perdida de Kane. El trineo que se quema al final es un objeto de la infancia asociado al trauma que tuvo que vivir, al ser entregado a unos padres adoptivos. La bola de cristal rota tenía dentro una casa parecida a la casa familiar de la que tuvo que irse. "Rosebud", la palabra impresa en el trineo, une así los recuerdos de la infancia perdida con el momento de la muerte de Kane. Justo antes de morir, de los labios de un hombre que ha poseído todo el poder y toda la riqueza, sólo sale una palabra para recordar justo aquello que nunca pudo tener, y que siempre añoró: una infancia feliz.

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