lunes, 6 de diciembre de 2010

Los controladores y la izquierda


En los últimos años se han publicado infinidad de textos sobre el estado de la izquierda (sobre todo en Europa y singularmente en España), y, sobre todo, sobre su futuro. Algunos los tengo guardados, y espero poder encontrar tiempo pronto para analizarlos en profundidad. Yo, personalmente, estoy muy preocupado por este tema, porque creo que con él se juega el futuro de muchas personas, sobre todo de aquellas que necesitan de la política para defender sus derechos. Aquellos que cuentan de su parte con el capital, no necesitan la política, y por eso para ellos es mucho más importante que no se regulen los “mercados”; lo de la política les da igual. Los que no contamos con el capital necesitamos la política para defender nuestro lugar en el mundo.

Pero me sobrecoge la carencia de conciencia de esta cuestión en muchos ciudadanos de izquierda, al menos en España. Me resulta difícilmente comprensible que tantos y tantos amigos, compañeros y conocidos que se dicen de izquierdas (y que me consta que genuinamente lo son) activen de inmediato, ante cualquier decisión discutible de los gobiernos del PSOE (esto lo he observado con gobiernos de González y Zapatero, indistintamente), un espíritu hipercrítico. Quien me conoce sabe que no soy en absoluto un dogmático y que, aunque soy afiliado del PSOE, soy defensor de muchos cambios dentro y fuera del partido, y en ocasiones no estoy de acuerdo con los caminos que se toman, y lo digo alto y claro. También soy partidario de pedir cuentas a quienes administran el poder de manera permanente, sean del partido que sean. Pero no es menos cierto que hay que saber en qué contexto emite uno sus opiniones y qué consecuencias tienen. Frente la derecha española, organizada “militarmente” en torno al PP (primero, porque es el único partido, y segundo, por la fidelidad de sus votantes, en torno al 80% invariablemente), la izquierda no puede tener activado de manera permanente ese espíritu crítico frente a sí misma; a no ser que multiplique por dos la virulencia hacia el adversario, el PP, que defiende lo contrario a los intereses de los votantes de izquierda (el capital y la ausencia de progreso) y que está aquejado de males tan objetivos y tan deleznables como la corrupción rampante allí donde gobierna (Madrid, Valencia).

Se me dirá, desde la izquierda, que el PSOE no representa a la izquierda. Y aunque no lo comparto expresado como tal, podría entenderlo. Sin embargo, esa hipercrítica al PSOE no se traduce nunca en una deserción de votantes a favor de otras opciones a la izquierda, y ni siquiera en un activismo social visible, sino simplemente en una destrucción de la imagen pública del PSOE que sólo tiene como beneficiada a la parte de la sociedad que pretende la hegemonía de principios conservadores, algo que todo parece indicar que se producirá a partir de 2012 y durante algún tiempo.

Todo esto surge de nuevo ante mí, con especial fuerza, a raíz del conflicto con los controladores este fin de semana. No voy a entrar ahora en la raíz laboral de dicho conflicto, por su complejidad, e intentaré utilizar sólo datos objetivos para no contaminar ni sesgar en exceso mi análisis. Los controladores cobran un sueldo medio de 200.000€ al año, es decir, aproximadamente 17.000€ al mes; no lo valoraré, aunque tiene miga, sólo diré que este sueldo es así ahora porque el gobierno del PSOE se lo ha rebajado un 40% y diré también que un 60% de los trabajadores en España no superan los 1.000€ al mes. Los controladores deciden llevar a cabo una acción ilegal forzando los mecanismos propios de los derechos de los trabajadores (lo que, en cierto modo, como todo experto en relaciones laborales sabe, es una deslegitimación de esos mismos mecanismos), y condena a más de 500.000 españoles a quedarse en tierra el viernes pasado; el gobierno toma la única medida posible para arreglar el asunto en 24 horas, y garantizar que no vuelva a ocurrir lo mismo en las sensibles fechas navideñas. Tiene éxito y todo se normaliza.

Bien, pues ante esta situación, muchas personas que se sitúan ideológicamente cerca del PSOE o a su izquierda, han tomado la decisión de ponerse del lado de los controladores o, al menos, han preferido poner el acento en los posibles errores del Gobierno (que no dudo que los pueda haber: como en todas las decisiones de todos los gobiernos que en el mundo han sido). Respetable decisión, sin duda, pero difícilmente comprensible para mí. En primer lugar, es sorprendente cómo gente que cobra 1.000€ al mes tiene el instinto social de ponerse de parte de alguien que cobra 17 veces más, y en cuyas manos está el destino de sus vacaciones; es, salvando las distancias, como si en los años 30 los temporeros se hubiesen puesto de parte de los terratenientes. Aquí habría que profundizar en la desaparición de la lucha de clases tal como se entendía, que no ha sido sustituida por ningún otro discurso válido, como puede verse claramente en los hechos que estoy describiendo. Un controlador que trabaja diez años de su vida (2.000.000€ de ingresos: 320.000.000 de pesetas) es ya un millonario, un detentador de capital, probablemente un inversor en bolsa, un empresario, una persona con un poder social que nada tiene que ver con el de un “trabajador” que apenas si tiene para llegar a fin de mes y que, asombrosamente, decide defenderle, justo después de haber incurrido en una grave irresponsabilidad colectiva… y ¡¡le defiende frente a un Gobierno de izquierdas que está intentando recortar sus privilegios para acercar su situación socioeconómica a la del resto de los ciudadanos!! Para mí, sinceramente, es incomprensible, si a esto le añadimos que además esa actitud no deja de suponer un juego a favor de la derecha que, como se ha visto, aprovecha cualquier crisis nacional para desgastar a un gobierno de izquierdas (lo que es más sangrante si pensamos en cómo gestionaron la crisis del 11-M: deberían haber quedado deslegitimados para ello; pero aquello los votantes de izquierda ya lo hemos perdonado, a pesar de que ocurrió hace seis años, mientras los de derechas recuerdan incluso los asesinatos de Paracuellos atribuidos a Santiago Carrillo, no digamos otras cosas atribuidas a los gobiernos de González).

En segundo lugar, me gustaría que quienes se sientan de izquierdas revisen la acción de gobierno de Felipe González y de José Luis Rodríguez Zapatero, en serio, con leyes y datos en la mano. Que vean cómo todos los avances sociales que se han producido en España se han debido a gobiernos del PSOE. Que comprueben cómo el Estado de Bienestar que disfrutamos ha venido de la mano de estos gobiernos. Cómo, cuando ha gobernado la derecha, no ha tenido ni un ápice de generosidad para aquellos que se encuentran lejos de su ámbito ideológico.

Admiro, aunque no lo comprenda, que haya gentes de izquierdas tan generosas para defender los derechos de unos trabajadores que, por su alto salario, apenas si tienen algo que ver con los llamados tradicionalmente “trabajadores” y, por supuesto, con la izquierda. Pero estaría bien que pensaran si ellos en algún momento se preocuparán por sus sueldos mileuristas. Admiro por su honestidad también, aunque no la comparta, la hipercrítica a los gobiernos de izquierda por parte de la misma izquierda, aunque sea ésta la que ha construido el Estado de Bienestar que ahora disfrutamos todos, especialmente los menos favorecidos (a los demás no les hace falta el Estado de Bienestar porque tienen dinero suficiente para valerse por sí mismos). Pero quienes piensan así estaría bien que pensaran también que los votantes de derechas jamás serán tan críticos con los gobiernos de derechas. Ni los controladores agradecerán su generosidad ni los conservadores su honestidad.

Y en tercer lugar. La lucha de clases ha desaparecido de nuestras mentes. Pero sigue ahí fuera. A los mercados les importa un bledo el Estado del Bienestar, y si lo tienen que destruir para ganar más dinero lo harán. A la derecha europea y española les interesa defender lo de los suyos: las grandes empresas, la Iglesia Católica, los capitales privados, la moral conservadora, la familia tradicional. Todo lo que queda al margen no lo defenderá nadie sino lo defiende toda la izquierda, desde la socialdemocracia más pragmática hasta la izquierda libertaria más radical. Mientras no entendamos esto, no estaremos entendiendo nada del futuro que nos aguarda.

Yo soy el primer crítico, dentro y fuera del partido. Dentro, para apretar en la dirección que creo que debe ir. Fuera, para que esa presión sea aún mayor, para acercar posiciones hacia todos los ámbitos de la izquierda y porque lo que importa, en el fondo, está fuera de los partidos, no dentro. Pero cuando hay que ir a votar voto a uno de los partidos que creo que va a defender mis intereses o, al menos, que no va a derribar el Estado de Bienestar que con tanto esfuerzo se ha construido en España durante tres décadas. No puedo quedarme en casa. Preferiría que los críticos con el PSOE lo fueran el triple de lo que lo son, y lograran cambiar el partido en la dirección en que se desee, pero que fueran a votar izquierda cuando toca (y digo izquierda, ni siquiera PSOE).

Un abrazo
Kike





2 comentarios:

Okr dijo...

Muy buena reflexión. De todas formas, puestos a elegir, mejor ser crítico (a veces de más) que ser un conformista sumiso como muchos pperos, que da lo mismo lo que haga su partido, que no pierden fuelle. La izquierda, tras Felipe, corruptelas incluidas y demás, se volvió muy exigente con el PSOE. Puede que además tenga unos valores más claros que la derecha, que esté menos dispuesta a ceder en ellos y que cuando ve que su partido hace movimientos impropios de sus siglas se sienta engañada, o simplemente desilusionada, y meta más caña cuando se pierde o parecer perderse parte de la ideología que debe inspirar a un partido de izquierdas. No sé. Es un tema emocionante y lleno de matices.

Lo de los sueldos de los controladores es un desmadre. Ya los recortaron y siguen siendo aún así muy altos. En una entrevista de hoy a uno en elpais.es decía el controlador que ganaba unos 6.000 euros al mes, siendo de los que más cobra, pero supongo que será porque sería con impuestos restados y sin sumar pluses y demás.

Sobre las formas más o menos radicales de defender los derechos laborales, bueno, de eso ya hemos hablado en FB, así es que no comento na de na. :D

(PD: sé que estás liado con mil cosas, pero creo que hablo en nombre de todos los que te leemos cuando digo que sería genial que escribieras más de política en el blog).

Un saludo.
Marco (un parado con mucho tiempo libre para discutir del show político-festivo mundial, jejeje)

Kike dijo...

Ja, ja... Marco... sería genial que escribiera más de política en el blog, sin duda, al menos para mí. Sería genial poder escribir más en el blog, en general. Mis compis del cine también me echan un poco de menos :-) Pero no te quejes, que llevo una temporada hablando casi siempre de política, y lo que nos queda. Gracias, por cierto, imagino que algún interés tienen las reflexiones.

Estoy de acuerdo contigo. Es mucho mejor ser crítico y exigente, se mantienen más vivos y frescos los principios, es más honesto. Pero claro, yendo a votar. Hay que ser crítico desde dentro (los que estamos), desde fuera (en los medios, en las redes sociales, en el trabajo, en el bar), y desde donde haga falta. Pero el día de las elecciones es muy serio como para llevar la crítica tan lejos de dejarle en bandeja la victoria a los rivales. Es como cuando el público del Barça o del Madrid se cabrea porque juegan mal: joder, pítenme al final pero mientras dura el partido animemos todos para ganar.

Ojo, aquí hay una crítica muy fuerte al PSOE por mi parte: parece que en cuanto ganamos estamos pensando cómo gobernar para ganar otra vez cuatro años después, en vez de llevar nuestra ideas, todas nuestras ideas (también las más incómodas para el conjunto de la sociedad)a la práctica. Entonces, es lógico cierto desánimo del votante, sin duda. Esto lo tenemos que solucionar desde dentro.

Precisamente porque he estado en puestos muy diferentes, como mandio medio de una empresa y como sindicalista, puedo hablar con cierto sentido de derechos, privilegios y lucha laboral. La lucha laboral, cuando se lleva a extremos poco explicables, deslegitima la verdadera lucha justa; cuando unos luchan por sus privilegios, suelen quedar descubiertos los derechos de la mayoría (mucho más básicos). Esto queda cogido con pinzas en este párrafo, pero si te diera algunos nombres de sindicalistas que tú y yo conocemos, seguramente nos entenderíamos mejor.

Para mí, que conste, es un lujo poder discrepar y dialogar con alguien que, como tú, es capaz de hacerlo con un nivel de reflexión tan profundo, sin caer en dogmatismos y con capacidad de dialogar sobre casi todo. Y que lo hace "desde la calle", el lugar donde de verdad ocurren las cosas que importan, y a donde los partidos a veces miran demasiado poco. Así que aquí (y en FB y en TW) te espero.

Un abrazo
Kike