sábado, 1 de enero de 2011

2011


Hola, a todas/os:

Segundo año de este blog y, como siempre, primer año para muchas cosas y último para otras muchas. Sorpresas, seguro. Previsiones que se cumplirán, también. Quizá más que en ningún año, no es tanto momento de buenos deseos como de llevar a la práctica aquello que pensamos que nos hará felices. Los tiempos no están para perder el tiempo. Quizá sea el año del compromiso y del riesgo. Tampoco será tiempo para cobardes ni para pusilánimes.

Yo a 2011 le pido que sea un año de cambios. De fuertes cambios. Donde cada uno tenga lo que se merezca, y que el tiempo, como creo que ocurre siempre, vaya poniendo las cosas en su sitio. ¿Será el año en el que la "nueva política" empiece a andar de verdad? Quizá sea demasiado pronto, por desgracia. ¿Será el año en que el cine reviva como preferencia cultural, más allá del circo de las 3-D, o el año de su definitva decadencia? Ambas posibilidades están ahí, y dependen en buena parte de algunas decisiones políticas, como casi todo.

Creo que este año, en este blog de cine y política, introduciré un tercer elemento, pero aún no sé cómo llamarlo. Quizá a medida que vaya habiendo posts, logre ponerle nombre. Primero existió la realidad y luego el lenguaje, ¿no? Si quiero que 2011 sea un año de cambios, debo empezar cambiando. ¿En qué consistirá ese tercer elemento? Es sencillo: en detenerme en todo aquello (realidades, relatos, fotografías, palabras, gestos, etc., etc.) que me haga soñar, fascinarme, emocionarme. La belleza. Subjetiva, como siempre es. Quizá ese sea el tema de esos posts, que serán breves y esencialmente emocionales.

En los próximos días publicaré mis posts con lo más interesante del cine y la política de 2010 y, quizá, un tercero que empiece esta nueva línea del blog.

Hoy toca tranquilidad y mañana viaje.

Un abrazo
Kike

p.d: la película de la fotografía es una de mis obras favoritas de todos los tiempos. Se trata de Avaricia (Greed, Erich von Stroheim; EE.UU., 1924). Una de esas creaciones culturales que se irán perdiendo, si no remediamos entre todos la ausencia del cine en la educación de nuestros niños, jóvenes y adultos. Una película magnífica que explica perfectamente cómo la codicia tiene como consecuencia la desgracia de otros y, muchas veces, también la desgracia del codicioso. Me ha parecido adcuada en medio de esta crisis (vocablo que significa "cambio") que aún no sabemos cómo acabará, y que es consecuencia de la avaricia (de casi todos, no de unos pocos, como suele decirse).


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