lunes, 3 de enero de 2011

La niebla


Hola a todas/os:

Iniciaba el año pensando que una de las pocas maneras que tenemos de valorar en verdad nuestra realidad, más allá de crisis y de coyunturas de contexto, es tratar de detenernos en aquellas cosas que, de alguna manera, nos reconfortan o nos hacen soñar, nos satisfacen o nos transportan, nos relajan o expresan algo que, de alguna manera, nos detiene por un momento y nos absorbe.

Mi propósito fue siempre utilizar este blog también para contar estas cosas, para compartirlas y para deleitarme en ellas más allá del momento exacto de vivirlas. Compartirlas, además, es un modo de dejarlas fotografiadas y, de alguna manera, de expandir su efecto benéfico.

Una de esas cosas que me alejan de este mundo momentáneamente es la niebla. Intensa cuando salí esta mañana de casa. Ir andando al trabajo, desde que inicié mi nueva etapa vital en febrero de 2007, es uno de los grandes privilegios que creo tener. Y esos 15-20 minutos de hoy, paseando por una ciudad semidesértica antes de las ocho de la mañana, rodeado de una niebla ensoñadora y tétrica, evanescente y húmeda, bella y fría... es un momento para detener y recordar. Quise fotografiarlo (suelo hacer fotografías a esa hora de la mañana cuando encuentro algo apropiado), pero la niebla es un fenómeno huidizo, muy difícil de fotografiar con malas cámaras, como las de los teléfonos móviles que llevamos siempre a mano.

Me acordé del cine, de esos grandes momentos del expresionimo alemán, donde niebla y miedo eran todo uno. O de Sombras y niebla, una de las mejores películas de Woody Allen, en mi opinión. Y, sobre todo, de Londres y de Hitchcock, quizá la ciudad y el director que más asocio directamente a la niebla. Y he encontrado esta fotografía de El enemigo de las rubias (The Lodger. A Story of the London Fog; Reino Unido, 1927), una de sus mejores y menos conocidas películas, por corresponder a su etapa de cine mudo. La niebla va en su título original, es casi un actor más de la película. Es probablemente uno de los filmes donde mejor se ha reflejado este fénómeno natural cargado de fuerza poética, porque nos hace sentir al mismo tiempo amenazados y protegidos, solos y compañeros de un mismo viaje.

Un abrazo
Kike

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