sábado, 30 de julio de 2011

El (nuevo) liderazgo


Hola, a todas/os:

Cuando hace unas semanas el futbolista Bojan Krkić Pérez (Lérida, 1990; de madre española y padre serbio) anunció que —con sus 21 años y en uno de sus mejores momentos— se marchaba del F.C. Barcelona a la A.S. Roma, muchos se sorprendieron; Bojan llevaba once años (desde los diez) jugando en las categorías inferiores del Barça, y era uno de los símbolos de La Masía, ese centro de formación y desarrollo de los enormes profesionales del fútbol que el club azulgrana disfruta en este momento (Messi, Xavi, Iniesta…); había marcado más de 800 goles en esas categorías inferiores y, a pesar de que no había logrado hacerse un hueco en el equipo titular, parecía una apuesta de mucho futuro. Pero Pep Guardiola decidió que no iba a contar con él, llegando a decir Bojan que “Las cosas no estaban muy claras entre Pep y yo”. El año pasado, aproximadamente en estas fechas, Zlatan Ibrahimović (Malmö, 1981) abandonó también el equipo azulgrana diciendo cosas como “Guardiola me ha echado”; “El filósofo Guardiola era mi problema”; o “Guardiola no sabe gestionar 22 estrellas” (declaraciones de marzo de 2011). Ibrahimović había sido nombrado mejor jugador sueco en 2005, 2007 y 2008, y mejor jugador del Calcio (una de las dos o tres ligas más duras del mundo) en 2008 y 2009; en el Barça duró una temporada y, efectivamente, Guardiola decidió prescindir de él asumiendo que no lo había podido hacer mejor con el sueco.
Por no salir del universo futbolístico, hablar de Mourinho es hablar del conflicto permanente: con la prensa (a la que impone condiciones de trabajo, a la que ha llegado a insultar, ante la que se niega a hablar cuando lo entiende oportuno), con el club (logró apartar a unos de los históricos del Real Madrid —desde su época de jugador hasta la de directivo—, Jorge Valdano, para hacerse con todo el poder de decisión en el club), con las instituciones internacionales (ha acusado a la UEFA de favorecer al F.C. Barcelona y ha recibido sanciones históricas), e incluso con los jugadores (con Pedro León en el Madrid o con Mario Balotelli en el Inter de Milán). A pesar de todo ello, nadie discute que Mourinho y Guardiola son los dos grandes líderes del fútbol y del deporte mundial.
En otro orden de cosas, y salvando determinadas distancias, el presentador de televisión Jorge Javier Vázquez (Badalona, 1970; licenciado en filología hispánica) se permitió hace unas semanas llamar “hija de puta” en directo a una de las concursantes de Supervivientes, Aída Nízar (con su madre presente, sentada al lado suyo), algo que no es precisamente loable pero que ha sido defendido por una amplia mayoría de espectadores e incluso profesionales y que, en boca de cualquier otra persona, habría tenido probablemente consecuencias. Jorge Javier Vázquez reconoció hace años su tendencia homosexual, algo que muchos otros personajes públicos aún no se han atrevido a hacer por miedo a dañar sus carreras. A pesar de dedicarse a una de las ramas más desprestigiadas de la televisión, la llamada “prensa rosa”, “periodismo del corazón” o, más genéricamente, “telebasura”, recibió en 2009 el prestigioso Premio Ondas (2009) como Mejor presentador de televisión. Enfrentado a multitud de campañas de desprestigio y de querellas judiciales después del enorme éxito de Aquí hay tomate (Telecinco, 2003-2008), aparentemente noqueado en su actividad profesional, resurgió en 2009 con Sálvame, que se emite diariamente, y en edición especial los viernes, en Telecinco, y donde ha logrado elevar la influencia de Belén Esteban a fenómeno sociológico, incluyéndola en nómina como co-presentadora del popular programa. Ha conseguido revitalizar el moribundo reality-show Supervivientes dirigiendo la edición de 2011 (la 11ª) y llegando a los 5 millones de espectadores en pleno mes de julio. En Sálvame, su programa estrella y uno de los grandes éxitos de la televisión del momento, ha tenido la audacia de romper con uno de los grandes tabúes de la televisión, que es el “fuera de campo”: se pasea por entre los cámaras y los cables, va más allá de los límites incluso del plató acompañado del cámara, se mete en los camerinos y sale incluso a la calle, ampliando así el espacio televisivo mucho más allá de los habituales límites de las tres paredes clásicas, y arriesgando frente a un público mayoritariamente de edad avanzada y poco proclive a los experimentos.
¿Qué tienen en común estos tres, de entre muchos otros personajes que podríamos citar? Su liderazgo. Los tres cumplen los objetivos propios de sus profesiones (ganar títulos en el fútbol, lograr amplias audiencias en la televisión), y cuentan con un séquito de admiradores que los consideran en la cumbre de los sectores profesionales a los que se dedican, además de constituir, en determinados ámbitos, un ejemplo a seguir para muchos. En el caso de Guardiola, la belleza del fútbol con el que gana títulos y su notable elegancia personal, que le ha llevado a ser imagen de determinadas marcas comerciales; en el caso de Mourinho, la audacia de un carácter que jamás se pliega a intereses ajenos y que impone su arrolladora personalidad ante todo y ante todos; en el caso de Vázquez, la valentía de reconocer su condición sexual públicamente, de utilizar un lenguaje televisivo audaz destinado a un público eminentemente conservador, de defender géneros aparentemente indefendibles (la “telebasura”, como lo llaman algunos) o impulsar a personas poco “edificantes” en términos generales (Belén Esteban) hasta convertirlas en iconos populares.
¿Qué mas tienen en común? Que mucha gente habla mal de ellos. Que generan conflicto, como ha quedado de manifiesto en todo lo escrito hasta aquí. Que tienen criterio, que casi nunca dicen lo que se espera de otros, no son políticamente correctos sino radicalmente personales. Marcan camino porque se salen de los caminos trillados. Son valientes, no se arredran, no eluden los enfrentamientos. Algunos les acusan de pisar las finas líneas que traspasan la ética, pero son casi intocables en sus respectivas profesiones. Son líderes.
No voy a dar lecciones aquí de liderazgo, porque se han escrito tantas y tantas páginas, a lo largo de toda la Historia de la Humanidad, que poco cabría añadir en este espacio. Aunque sí es importante atender a los cambios de época que marcan, casi siempre, cambios en todos los ámbitos, también en la consideración del liderazgo.
Todo lo dicho hasta ahora encaja en las consideraciones clásicas del liderazgo, sin necesidad de acudir a ejemplos en el campo político, donde mucho cabría decir, por ejemplo, de Adolfo Suárez o Felipe González en España (exitosos en la consecución de objetivos, intocables en sus momentos, mejorados en su imagen ante la Historia, generadores de enormes conflictos y acusados de falta de ética en numerosas ocasiones). Todo lo dicho se aleja de parámetros como agachar la cabeza ante lo que dicen otros, como seguir las corrientes establecidas, como hacer uso de la cobardía para no poner en riesgo una situación personal, como preferir la seguridad al riesgo, como repetir lo que otros dicen antes que elaborar discursos propios, como imitar a otros líderes o seguir incondicionalmente a quien sea, como integrarse en estructuras rígidas cualesquiera que sean, como ser previsible, etc., etc., etc.
A todo ello, como digo, muy claro en los estudios clásicos del liderazgo aderezado con unas gotas de mi opinión personal, hay que sumar la revolución cultural que supone Internet. Algo se ha escrito ya por parte de algunos gurús en el asunto, aunque sea difícil aceptar la existencia de gurús en algo que tiene una vida relativamente corta (en los parámetros sociológicos) y que se renueva permanente y rapidísimamente; reflexiones en muchos casos deseosas de incluir neologismos innecesarios para dar apariencia de innovación, cuando la naturaleza del liderazgo en Internet pasa por los mismos parámetros que en la “vida real” (estúpida distinción, también muy propia de los gurús de la Red): la autenticidad, la valentía, la personalidad y la consecución de objetivos (cuando los hay).
En este sentido, es interesantísimo el fracaso de algunas campañas electorales pergeñadas en la Red en las pasadas elecciones autonómicas y municipales del 22 de mayo. Y no me refiero a una o a varias, sino a muchas. Fracasaron porque se basaban fundamentalmente en tres ejes: la promoción publicitaria de los mensajes propios, el ataque indiscriminado a los mensajes del otro y la adecuación a los idearios previsibles para todos. Y eso no genera el liderazgo colectivo de un proyecto porque deja al descubierto la falta de liderazgo de sus promotores. Es muy difícil que un usuario de redes sociales siga leyendo todos los días los comentarios laudatorios de alguien a quien sigue en Twitter o de quien es amigo en Facebook, cuando esos comentarios son laudatorios siempre para los mismos, sin matices y siguiendo el argumentario oficial del partido: no es original, aburre, no denota personalidad, y hasta irrita en el seguidismo personal respecto a un proyecto colectivo, sin matiz alguno. Y es que muchos estrategas de campañas en redes sociales se olvidan de lo fundamental, y es que un usuario es, ante todo, una persona: individual, con ideas propias y, por tanto, única. Lo que pasa es que eso es difícil crearlo cuando no existe, que es lo mismo que decir que el liderazgo es difícil construirlo cuando hay pocos mimbres previos.
En la campaña de las anteriores elecciones recibí multitud de comentarios del tipo: “Que pesa’os son tus compañeros de partido en las redes sociales”. Me aseguraron que hacía días que ya no leían lo que escribían, que no les interesaba, y que no estaban en las redes sociales para eso; que además ya estaban las páginas oficiales de los partidos y los programas para tener los argumentarios oficiales. Las personas no buscamos en Internet algo diferente a lo que buscamos en la “vida real”: personas atractivas intelectualmente, interesantes, que digan cosas que nos aclaren o que nos ofrezcan caminos nuevos, personas realistas pero audaces, constructoras de ilusión y de discursos nuevos, adaptadas al cambio social y con el impulso decidido de transformar la realidad en algo mejor respecto a lo que tenemos. Por eso no nos interesa en absoluto un ejército de facebookeros o twitteros que repiten empecinadamente las consignas de unos líderes enrocados en planteamientos partidarios y que, además, están desprestigiados socialmente como líderes y que representan a organizaciones consideradas el tercer problema del país.
El liderazgo, por lo demás, tiene muchas otras características tan o más difíciles de hallar en alguien, como todas las ya descritas. El líder no levanta la mano y dice “quiero ser líder” o al menos no en primer lugar; son los demás los que le señalan con el dedo. El líder lidera, y especialmente en los peores momentos; no esconde nunca la cabeza y pone su alma y su cuerpo a la intemperie aun cuando nadie más quiere ponerlo. El líder aúna voluntades; nunca divide o desintegra. El líder se rodea de los mejores porque se sabe seguro; no prefiere a los mediocres para evitar que le cuestionen por comparación. El líder casi siempre dice lo necesario; casi nunca lo esperado. El líder no camina por caminos fáciles sino que se remanga los pantalones para meterse en el barro, se quita la camisa si hace falta y acaba magullado, sucio y casi siempre exhausto. Por eso ha tenido siempre tanto éxito en cine el papel del héroe.
Y más en esta época, en la que ser líder, y muy especialmente el líder político, significa otra cosa fundamental: estar cerca de la gente. Estar cerca, literalmente. No que la gente le sienta cercano (eso es marketing), no que la gente pueda verle o tocarle (eso es populismo), sino, literalmente, estar cercano a la gente: a sus intereses, a sus vidas, a sus problemas, a sus aspiraciones, a su deseo de transformación. Pisar menos moquetas y más la calle, pero no para vender esa imagen convertida en foto del día, sino para tomar notas, adquirir compromisos y, al día siguiente o en cuanto sea posible, tomar decisiones a partir de esas notas tomadas ante la gente, pisando aquel trozo de calle.
Hay pocos líderes. Muy, muy pocos. O los buscamos debajo de las piedras, o los construimos, o… tenemos poco futuro.
La buena noticia es que aún no nos hemos puesto a buscar, ni a construir, así que a lo mejor nos encontramos con sorpresas agradables.
Abrazos
Kike

2 comentarios:

Cordocacereña dijo...

Hola Kike, bien traído el tema, tengo un pero. Siguiendo el símil que haces de Guardiola y Mourinho, no creo que JJVázquez se pueda catalogar de líder. en todo caso, sería una pieza más del equipo del programa, el verdadero líder sería el director del programa que piensa y conduce lo que pasa, y a más, el director de T5. Tampoco me gusta que incluyas a esta cadena y a este tipo de programa en el modelo de liderazgo que planteas: es un modelo de sociedad amoral, sin objetivos y para no pensar. No creo que las personas que van a esta cadena (y lo digo en sentido amplio), tengan virtudes aparte de las que se generan con la entrepierna (también en sentido amplio). Bss

Kike dijo...

Gracias Carmen, por entrar y comentar.

Precisamente lo que hace de Jorge Javier un líder es que el programa "es él": su estilo de dirigirlo, su trabajo con el equipo; basta ver alguno de los programas en los que él no está para darse cuenta de que el nivel de espectáculo televisivo disminuye exponencialmente.

El otro debate que planteas es muy arduo para entrar a fondo. No he puesto ejemplos de liderazos que me gusten sino de liderazgos fuertes y eficaces. Hitler fue un gran líder, es innegable, y nada más lejos de mi modo de ver el mundo. No entro a juzgarles, sólo expongo que han logrado estar al frente de la sociedad en sus diversos ámbitos y a convertirse en personas demandadas para hacer sus trabajos.

A partir de ahí, habría evidentemente mucho que hablar.

Besos
Kike