Hola a todas/os.
Decía Stanley
Kubrick —uno de los genios de la historia de las artes visuales— que hacer una
película es como escribir Guerra y paz
mientras estás montado en una montaña rusa; quería destacar con esta
comparación la enorme dificultad de pensar en cómo deben ser las cosas mientras
las cosas deben ser, es decir, lo difícil que resulta pensar en medio del caos.
Vuelvo a este símil kubrickiano hoy
como alerta para todos y como autocrítica. La sobreabundancia de reflexiones
sobre el momento social y político que estamos viviendo aumenta las
probabilidades de la sobreabundancia de errores: es muy difícil analizar la
realidad social en la que se vive.
Realizo esta
reflexión previa a esta primera entrega de una serie de pensamientos que iré
publicando en este blog, sobre cómo está España y por qué, sobre de dónde
venimos y hacia dónde vamos.
El proceso
social que estamos viviendo es tan singular que mi interés por la política me
obliga a pararme a pensar y tratar de sistematizar algunas de las muchas
reflexiones que en diversos medios (artículos de prensa, conversaciones
privadas, discusiones políticas, publicaciones en redes sociales, etc.) vengo
realizando desde hace aproximadamente cinco años.
Aunque casi
todos lo sabréis ya, es importante advertir al lector de que milito en el PSOE
desde hace casi quince años y que, al mismo tiempo, soy muy crítico con su
historia reciente, en lo que se refiere sobre todo a su incapacidad para realizar
reformas internas que incrementen la democracia interna, así como a su
indefinición ideológica, que le ha conducido al callejón de difícil salida en
el que ahora se encuentra.
¿Por dónde
empezar? Da un poco igual. El orden cronológico nos obligaría a buscar un punto
inicial difícil de definir, que quizá encontremos mejor durante el transcurso
de esta serie de artículos, y mirar al futuro quizá sea de momento demasiado
temerario. Así que, ¿por qué no empezar por alguno de los momentos clave de la
política española de los últimos años? Quizá el más reciente de esos hitos nos
sea útil: las elecciones europeas de mayo de 2014. Ese proceso electoral, de
hecho, es la primera muestra del tsunami político español (cuyo epicentro fue
el mes de mayo de 2010 y su síntoma social el 15-M), de modo que quizá sea el
mejor modo de empezar, para luego ir hacia atrás (buscando sus causas) y hacia
delante (tratando de prever sus consecuencias). La misma noche electoral
realicé un análisis rápido de los resultados que he preferido guardar hasta
hoy, por ver si la urgencia del momento lo dotaba de sesgos excesivos. Así que
lo retomo y lo comento al mismo tiempo. Lo estructuré en seis conclusiones, por
orden de importancia:
1. Quiebra del bipartidismo. Por primera vez en la historia
democrática la suma del voto de los dos grandes partidos, en este caso PSOE y
PP, no alcanza el 50% del voto (49,06% con el 99,52% escrutado).
2. Entrada triunfal en el mapa
político de un partido atípico,
casi desconocido, que representa el cuestionamiento del sistema, y que entra
con casi un 8% del voto.
3. Podemos + IU (que básicamente son lo mismo)
suman 2.802.445 (18%), a tan solo 786.334 votos y un 5% del PSOE. El sorpasso
está más cerca que la vuelta del PSOE a la hegemonía de la izquierda.
4. La catástrofe del PSOE es
descomunal, además de histórica.
Suelo histórico de voto en cualquier proceso electoral (3.589.847) y también
porcentualmente (23%). Pérdida del 50% de sus votantes respecto a las Europeas
de 2009, y un 16% globalmente. Si es verdad el dato oficial de que conserva en
torno a 200.000 militantes, la organización no es capaz de movilizar más que 18
votos por militante. Y un dato que debería ser aterrador para la dirección del
PSOE, si tuviera un mínimo de lucidez y responsabilidad política: de las
Europeas de 2009 a las Generales de 2011 solo aumentaron un 14% de voto, lo
cual, proyectado al resultado de estas Europeas 2014, nos daría un resultado en
las Generales 2015 de algo más de 5 millones de votos, menos de la mitad que en
2008.
5. El PP, que no olvidemos que es
el partido gobernante, sufre una sangría de más de 2,5 millones de votos, y
otro 16%. Al no contar
con fuerzas de derecha emergentes (VOX solo ha recibido 244.636 votos y no ha
obtenido representación), deja a la derecha española en una situación muy
delicada.
6. Si sumamos
PSOE + IU + Podemos tenemos 6.399.560 votos y un 41%, frente al 26% del PP que
solo podría sumar, en todo caso, el 6,5% de UPyD. La izquierda vuelve a ganar en España si el PSOE asume la
responsabilidad de hacer la política que tiene que hacer.
Visto hoy este
análisis, creo que fue bastante acertado en líneas generales. Seis meses
después se confirma la tendencia de todos los elementos del análisis. Haría dos
matices a lo que escribí aquella noche: 1) Podemos e IU son "casi" lo
mismo pero no son lo mismo; la tradición ideológica de IU —que tiene su solidez
en la pervivencia del PCE— le ofrece una trayectoria histórica que merece ser
reseñada; los esfuerzos durante los últimos días de uno de sus nuevos líderes
(Alberto Garzón) por distanciarse de Podemos demuestran esa singularidad, aunque
en todo lo que se refiere a pactos post-electorales creo que sí deben ser
considerados un bloque, que es a lo que me refería en mi análisis, y 2) La
responsabilidad de un gobierno de izquierdas, dada la rápida evolución de la
tendencia electoral, no es seguro que recaiga en el PSOE, sino que es posible
que lo haga en Podemos o Podemos + IU y, por tanto, serían ellos quienes deberían gestionar la conformación de un gobierno de izquierdas.
No me
extenderé mucho más en este primer post, pero sí me gustaría recalcar algunas
cuestiones que no son tanto del análisis de aquella noche como de los seis
meses posteriores, aunque arranquen en los resultados de las europeas: a) la
quiebra del bipartidismo es un hecho irreversible a corto plazo (ya veremos a
medio), pero aún no sabemos si desembocará en un modelo multipartidista o de
partido "único" (hegemónico), b) el PSOE parece haber frenado la
sangría que se produjo entre 2011 y 2014, puesto que pocas encuestas le dan un
resultado peor que el 23% de las europeas (recordemos que el error técnico de
todas ellas suele estar entre el 3% y el 5% y ninguna le da menos del 20%), c)
la delicada situación de la derecha española, de la que pocos analistas
hablaban la noche electoral, se ha ido evidenciando durante estos meses, y el
PP no solo se ha derrumbado en las encuestas, sino que no ha aparecido por el
momento ninguna fuerza alternativa que pueda recoger masivamente ese voto.
Nada más de
momento, pues lo siguiente sería entrar a fondo en el análisis de las encuestas
de estos seis meses posteriores, y en las estrategias de las diferentes fuerzas
políticas.
Hasta el próximo post.
Abrazo
Kike



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