miércoles, 6 de octubre de 2010

La nueva política (II): La erradicación de la corrupción


Hola a todas/os:

Seguimos con la serie iniciada en los posts anteriores, sobre aquellos principios en los que debe basarse la "nueva política", absolutamente imprescindible para encontrar un nuevo lugar de encuentro entre los ciudadanos y la clase política.

Tras la democratización de los partidos, que comentaba en el post anterior, como consecuencia directa de ello y como exigencia fundamental, se encuentra el compromiso ineludible de erradicar la corrupción política. Ese apellido, "política" resulta muy significativo. La corrupción suele producirse en las administraciones públicas, que es donde se manejan los presupuestos, pero se denomina "política" porque son finalmente los "políticos" (más como pertenecientes a un partido que como empleados públicos) los que la ejercen. Por eso casi todos los casos de corrupción están ligados a un partido en concreto.
La "corrupción cero" es una utopía hacia la que tender. El ser humano tiende a extraer beneficios propios, en muchas ocasiones sin reparar en los medios, y es por tanto muy difícil lograr la limpieza absoluta, pero los partidos deben estructurarse y legislar para acercarnos lo más posible. La corrupción política es el gran cáncer de toda democracia y un peligro enorme para su supervivencia, puesto que afecta al valor supremo del contrato con la sociedad: la confianza. Una de las máximas preocupaciones de los políticos debe ser desembarazarse de los corruptos y legislar para que cada vez haya menos.

Hay muchas cosas que se pueden hacer, mucho margen de maniobra. La democratización de los partidos, lógicamente, es ya un paso adelante, puesto que parte de la corrupción proviene de la elaboración de las listas y el reparto de cargos orgánicos. Sería un ejercicio interesantísimo (y terrible) ver cuántos familiares de políticos están ocupando ahora mismo en España cargos políticos de libre designación (e incluso puestos en la administración a los que se accede por oposición). De modo que ese primer paso es importante, por eso el cimiento de todo esto es la democratización de los partidos.

En segundo lugar, cabe modificar el ordenamiento jurídico para que los casos de corrupción se encuentren entre los más graves delitos. Después del terrorismo, es difícil encontrar un delito más desestabilizador para una democracia que la corrupción. ¿Cómo es posible que alguien juzgado por haber robado dinero público pueda estar en la calle dejando una fianza? ¿Cómo es posible que de todos los políticos juzgados y condenados apenas si dos o tres hayan pasado por la cárcel? Es una vergüenza insostenible para un país.

En tercer lugar, los partidos deben darse un código ético que, a su vez, esté supervisado por varios órganos transversales, de modo que deba cumplirse sí o sí. En esos códigos éticos deben ponerse todas las prevenciones contra la corrupción. Por ejemplo, que todo político imputado (no se imputa a alguien sin pruebas, sin el inicio de un proceso judicial, sin la intervención de las fuerzas del orden) quede inmediatamente apartado de sus funciones y del dinero público. Inmediatamente. Si se prueba su inocencia se le podría restituir en su cargo.

En cuarto lugar, hay que cambiar la legislación para que no sea posible la corrupción de "baja escala", que es la más habitual y la que más socava el sistema. La partición de contratos en pequeñas cantidades para adjudicarlos a dedo, la falta de publicidad y transparencia, el desconstrol en las comisiones que deciden las ayudas públicas, etc., etc., etc. A mí me preocupa mucho más que estén amañadas unas oposiciones públicas que el caso Gürtel.

Los ciudadanos también debemos acostumbrarnos a no tolerar la corrupción: a denunciarla desde fuera y a socavarla desde dentro cuando podamos. La sociedad la conformamos todos, no sólo los políticos. Todos hacemos política a diario.

Son sólo cuatro propuestas, que quedan aquí y que lógicamente podrían ampliarse muchísimo. Tanto en su desarrollo como añadiendo oatras nuevas. Pero son buena prueba del largo camino por recorrer, y de su escasa dificultad, puesto que depende únicamente de la voluntad política de todos. La democracia española necesita estos cambios, es una cuestión de supervivencia.

Un abrazo
Kike

No hay comentarios: